El peor padre del mundo.

«El peor padre del mundo» es una entrada escrita por Ernesto Bettschen.


Quien haya dedicado algo de tiempo a leer las entradas de este blog, habrá notado que siempre que en él nos referimos a Papá Estado inmediatamente lo etiquetamos como “el peor padre del mundo”. Desde un punto de vista inversor, la voracidad confiscatoria del Estado se entiende mal. Y esto debe tener su contrapartida en que el estado tampoco debe ver bien a los inversores… cosa que no llego a comprender, porque que una persona solvente es probable que necesite poco de su progenitor.

Una lógica sencilla que justificaría este comportamiento “paternalista” es que el estado necesita que dependas de él de alguna manera que pueda manipular tu intención de voto… Si te prometo que te subo la pensión, y dependes exclusivamente de ella para tu subsistencia… ¿vas a votar a alguien que no sea yo?

Pero los días que vivimos (en plena crisis del Covid 19) han puesto de manifiesto una realidad mucho más triste: a Papá Estado le importamos… nada. En un momento en el que la sensatez obliga a un desempeño excepcional, no vemos eso, sino todo lo contrario. En un escenario que requiere una cohesión total, parece que eso es lo último en lo que el estado piensa. Se antepone la política a la “humanidad”, y parece que los cerca del millar de personas que fallecen cada día son un tema a tratar cuando todo esto pase… Incomprensible: un padre que deja morir a sus hijos.

Está claro que la situación en la que nos encontramos no tiene precedente y, por supuesto, no es sencilla de gestionar. Salir indemne de ella, es imposible. Pero en un momento en el que un acuerdo de actuación no sólo del gobierno, sino de todos (oposición, patronal, sindicatos, etc,etc) es imprescindible, una vez más Papá Estado no se pone a la altura. Y mientras la gente se muere por un problema sanitario, Papá Estado y sus allegados se dedican a hacer política. Creo que es de sentido común, las situaciones de emergencia sanitaria, se resuelven con acuerdos que deriven en medidas sanitarias. Y en esta afirmación la palabra “acuerdos” tiene especial relevancia. Para el gobierno (culpable), y para lo oposición (culpable también). Sé que mi posición al escribir esto es muy fácil: dispara contra todo, sin posicionarme. Pero la indignación me puede, porque veo que no es sólo incompetencia. Es más grave: ni siquiera entienden por qué están ahí. La política se ha convertido en un echar las culpas al otro. Y si tú dices blanco, yo tengo que decir negro. Desafortunadamente ninguno de nuestros políticos se plantea que del congreso deben salir acuerdos, consensos (¿se habrán parado a pensar sus señorías cual es el origen de esta palabra: consenso?). Y no desacuerdos ni desavenencias, que es casi lo único que como ciudadanos llegamos a percibir: tretas y piruetas políticas para llegar a unos frágiles acuerdos que lejos de tener una repercusión médica (la requerida), lo único que consigues es fomentar un macabro juego de favores políticos casi personales construidos, en este caso, sobre una montaña de cadáveres.

Esto es lo que ha pasado. Así de triste. Así de indignante. Así de repugnante.

Sabiendo que un hijo se muere, Papá Estado se queda en la calle discutiendo con un compañero de trabajo si deberíamos ir en su coche o en del otro… Extrapólese esta situación con la realidad, donde creo que hasta un desconocido, conociendo la situación, nos brindaría desinteresadamente su vehículo.

Y el hijo, que se muere. Eso es lo que le importamos a Papá estado. Nada.

Y tras esta desdicha de vernos hipotéticamente muertos en soledad, cabe un reflexión muy real: si ni siquiera podemos confiar en Papá estado para los asuntos de interés general… ¿podemos confiar en él para nuestras cosas, las que nos preocupan a nivel particular? Para responder, hay que entender que artículo lo escribo desde una perspectiva que no tiene color político. No se me malinterprete. Escribía hace unas líneas que mi postura es muy fácil, porque en un escenario en que todos son  culpables, se puede disparar a diestro y siniestro (y nunca mejor dicho)…

La respuesta, aquí hablo a título personal,  es NO. Si en un escenario en el que lo que hay en juego son vidas humanas (¿qué hay más importante que esto?), el mamoneo político es manifiesto… qué no será para temas menos trascendentales, como nuestro futuro, el de nuestros hijos, su educación, nuestra pensión…

La dureza de este momento me anima más si cabe a seguir mi particular búsqueda de la (f)independencia, porque en momentos como este es cuando muchos nos damos cuenta de que…

Nada.

Eso es lo que le importamos a Papá Estado, sin duda el peor padre del mundo.