Aceptación social 2.0

«Aceptación Social 2.0» es una entrada escrita por Ernesto Bettschen.


   El otro día, en una de esas conversaciones que tuve con mi amigo Fansworth, filosofamos sobre los mensajes que reciben las nuevas generaciones sobre el éxito, y la verdad es que (llegamos a la conclusión de que) en este sentido el mundo, a nivel de emisión y recepción de información, se ha vuelto bastante más complejo de lo que era hace sólo unos pocos años

   Por mi edad, he conocido un mundo de información unidireccional, en el que (libros aparte, que ese tesoro, desde que tengo uso de razón,  siempre ha existido) un par de canales de televisión, 4 o 5 periódicos y algunas revistas temáticas era casi todo lo que uno podía consumir para mantenerse informado.

   El mundo de, hoy,  se ha tornado en algo mucho más complejo, donde la información ya es prácticamente omnidireccional, y donde lo realmente complicado no es consumirla, sino determinar qué es lo relevante, qué es cierto, quien está detrás de esta o aquella información, qué intereses la mueven. Todo con derecho a opinión y réplica. Y con una variedad de canales (páginas web, vídeos, redes sociales, foros, etc.) que hace sólo unos pocos años costaba imaginar.

   Muchos jóvenes siguen queriendo ser futbolistas, sí, pero también “youtubers”. Lo que sucede de nuevo es que nos encontramos (esto sí que no ha cambiado) con una expectativa que gestionar. El éxito (tanto para un futbolista como para un youtuber o como para el director de una gran corporación) no es fácil. Requiere siempre gran esfuerzo y dedicación… una habilidad especial, un conocimiento… Talento.

    Y así, la conversación derivó en la elevada posibilidad de frustración que un joven de hoy en día puede sufrir, en muchos casos porque ese altamente complejo mundo de información que recibe le muestra continuamente vidas paralelas exhibidas en forma de biografía exitosa… (que en muchos casos no deja de ser una exposición pública de momentos que nada tienen que ver con la realidad de cada uno, pero eso ya es otra historia)

   Y nuestra reacción primaria (me atrevería a decir que es parte de nuestra naturaleza) es compararnos con lo que vemos de nuestros semejantes… con esos “mejores momentos” que comparten con nosotros. Y aspirar a lo mismo que vemos. Quererlo. Envidiar… pero sin un análisis mayor.

El joven (y no tan joven) de hoy ¿percibe éxito o consumismo?

Ese “éxito”… ¿es real?…

El mundo de nuestros semejantes se nos muestra en forma de mejores momentos capturados y expuestos para obtener una aprobación. Y eso casi que nos fuerza a actuar de manera similar para obtener una aprobación social, para pertenecer al grupo, para poder ser uno más.

«Ser uno más». ¡Uff!. En este blog que predica que si haces lo que todo el mundo obtendrás los mismos resultados que todo el mundo… se me forma un nudo en la garganta al escribirlo…

Para mí, que tengo hijos, se me  abre un importante frente de educación. Importante y complejo.

Una educación que pasa por poner en el ring la aceptación social (que pese a todo lo dicho no deja de tener su importancia) frente a un comportamiento que me atrevería a llamar “borreguil”…

Bueno, creo que ser consciente de la situación ya es algo.

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