Compradictos.

   “Sé frugal”. Supongo que no es la primera vez que lees esto en ti búsqueda de la independencia financiera. Buen consejo. Pero ambiguo.

   “Sé frugal” puede derivar en quitarse algunos caprichos superfluos. O puede convertirte en el mayor roñoso del mundo.

  Como en todo, en la media hallaremos la virtud. En ese “ni tanto ni tan calvo” que tantas veces hemos oído.

   Está claro, que cuanto más se siembre, mayor debería de ser la cosecha. Pero esa “siembra”, significa sacrificio. Significa no caer en la tentación… con tanta frecuencia.

   Y la mejor manera de no caer en la tentación es evitarla. Vivimos en un mundo muy consumista, la tentación vive arriba… abajo, a un lado, al otro… está en el aire mismo y tiene el don de la ubicuidad.

   Y tú en medio… como una súper estrella bajo los focos…

   Esto empieza a no sonar tan bien si te lo muestro como que eres el objeto de deseo, sí, pero de miles, de tal vez millones de campañas de publicidad y marketing que gracias a las nuevas tecnologías, a la movilidad, al modo de vida, en fin, del siglo XXI, forman parte de tu vida.

   Sólo se pretende un objetivo. ¡Compra! Satisface ese impulso adquisitivo… y llévate eso de lo que te he convencido (lees bien, tú no estás convencido, en muchas ocasiones te lo han vendido, ni siquiera sabías que lo necesitabas)… y que será lo mejora que tengas hasta que dentro de pocos minutos aparezca otra cosa que apetezca… o la misma, ligeramente mejorada…

   El marketing digital ha “nicotinizado” nuestro hábito de compra. Los fumadores me entenderán bien. La última compra realizada, cae en el olvido rápidamente… e incluso en el desuso… pero ya tenemos el “mono” de la siguiente…

   Y nos lo ponen MUY fácil. (La “compra en un click” de Amazon, es una obra maestra. Un chute de “compramina” en toda regla.)

   Y luego entra en juego la estrategia de las marcas, auténticas promotoras de nuestra infelicidad: en el momento en que realizas tú compra, ellas ya tienen a punto la siguiente versión de tu producto. Con ese pequeño cambio que te hará envidiar lo que viene. Y así, lejos de satisfacerte y hacerte más feliz, su objetivo es convertirte en consumidor compulsivo. Un envidioso perenne. Un eterno infeliz. Eres un auténtico “yonki” de las compras.

   Pro no te equivoques. Que los negocios son así. Las empresas no son hermanitas de la caridad. Se crean para satisfacer egos y hacer dinero. También dan trabajo a muchísimas personas, y generan beneficios y dividendos. Y es verdad que producen productos o prestan servicios que consumimos. Piénsalo bien. Y reflexiona sobre lo siguiente: en todo el proceso escalofriante que te he contado… ¿quién tiene la decisión final? ¿Quién es capaz de cambiar el final del proceso? No te sientas víctima. Eres el culpable.

   Ahora retomo el título de esta entrada: “Sé frugal”. Y cobra sentido. Quien algo quiere, algo le cuesta. Y en este caso esta frase debe interpretarse de otra manera, porque lo único que requiere vencer a la tentación es un pequeño esfuerzo.

   Qué gran verdad es eso de que en algunas ocasiones “menos es más”. Creo que podría escribir todo un libro sobre este tópico. Sobre cómo, cuándo, dónde y porqué se compra. Sobre como caemos en la tentación. Sobre cómo nos hacen caer. Sobre cómo nos hacen un poco más infelices, más envidiosos, más consumistas, más frívolos… todo eso sin darnos cuenta… y encima nos cuesta dinero

   Será un logro personal si vences la tentación, si te apeas de esa rueda… Casi imposible. Sería ya una gran victoria si simplemente amortizas más todo lo que adquieres… Es otra manera de Cambiar el paso.

Y, no lo dudes, ese gasto que te quitas, que en muchas ocasiones será algo más que El valor de una noche de tapeo, puede llegar a hacerte un poco más (f)independiente.

Hacer algo… y empezar cuanto antes.

“Tengo que hacer algo”. ¿Cuánto tiempo llevas pensando esto? Te has dado cuenta de que efectivamente tienes que hacer algo, porque sistemáticamente te gastas todo el dinero que ganas. Has pensado en un plan de pensiones, pero el desconocimiento, lo poco que te gusta el tema y la falta de una decisión para dar el paso te producen un inmovilismo absoluto.

Y los días pasan.

Y con los días, los años.

Y todo sigue igual. Lo sabes. Cada vez que has conseguido ahorrar un poco, ha surgido un imprevisto. O un capricho. O un planazo en un sitio lejano al que no se podía dejar de asistir…

Cada vez, vuelta a empezar. Y cada vez te sientes más incómodo. “Tengo que hacer algo”.

Si te hubiesen contado en algún momento cómo funciona realmente el dinero, estarías lejos de preocuparte. Ahora, tal vez sea un poco tarde, pero voy a ponerte en contexto con el único objetivo de que según termines de leer este artículo te levantes y pases a la acción.

Por experiencia propia sabes que el ahorro sólo no vale. La tentación siempre es más fuerte. Y el dinero ahorrado, pero accesible, simplemente se vá.

Llega el momento de actuar contra esto, y verá que tu vida no cambiará drásticamente después de esto.

Voy a proponerte dos alternativas (de peor a mejor), muy sencillas, pero efectivas. Y cuando las lleves a la práctica, te tirarás de los pelos por un solo motivo: no haber empezado antes.

  • Contratar un plan de pensiones privado: no soy muy amigo de estos productos, pero si no tienes nada de nada, es hora de realizar algún cambio para por lo menos poder decir “alg es algo”. No te cases con cualquier plan de pensiones. El objetivo es llegar a una edad determinada para rescatarlo y optar por tener algo de dignidad. (Tú te equivocas, yo me equivoco). Con este objetivo, calcula el año aproximado de tu jubilación, y contrata un plan que tenga como objetivo ese año. Sí, como suena. Pídelo así en tu entidad bancaria o aseguradora. “Quiero un plan de pensiones con objetivo de jubilación 2045 (año de tu jubilación)”. Y así, una vez tengas contratado el plan, realizar aportaciones periódicas el día inmediatamente posterior al cobro de tus haberes. La cantidad, pues es obvio que cuanto más, mejor, pero para sentirte cómodo con todo esto, empieza con una cantidad que no te suponga un trauma. Te propongo sacrificar el valor de una noche de tapeo… Qué, no te quepa la menor duda, recuperarás en el futuro.

Y no te dejes engañar por la fiscalidad y todo el bla, bla, bla de los planes de pensiones. Cada duro que te desgraves (argumento comercial con el que intentarán embaucarte) tendrás que pagarlo cuando vayas a disponer de tu dinero. Así de claro. No es una desgravación. Es simplemente un diferimiento. Lo que no pagas en tu declaración de la renta anual, lo pagarás después. Se puede decir más alto, pero no más claro.

Así que ya sabes. Mejor que no tener nada, por lo menos, tener un plan de pensiones.

  • Misma visión, otro producto: fondos de inversión. Tampoco te cases con cualquiera. El enfoque es exactamente el mismo: existen fondos de inversión con un año objetivo. Y así debes solicitarlo en tu entidad bancaria. “Quiero un fondo de inversión con objetivo de disponer del capital en 2045 (año de tú jubilación)”. Y luego, exactamente igual, realizar aportaciones periódicas el día inmediatamente posterior al cobro de tus haberes. La cantidad, pues es obvio que cuanto más, mejor, pero para sentirte cómodo empieza con una cantidad que no te suponga un trauma. Te propongo sacrificar el valor de una noche de tapeo… Que, no te quepa la menor duda, recuperarás en el futuro.

Ya está. Así de sencillo. De inclinarme por alguna, lo haría por la segunda. Porque los fondos de inversión son algo más flexibles, permiten rescatar el dinero en más escenarios que los planes, y tienen más versatilidad de cara al futuro. Pero si te conoces, y eres de los que no van a ser capaces de mantener la constancia… un plan de pensiones te dejará el dinero lo suficientemente atrapado como para que no tenga otro destino que no sea el de mejorar un poco tu jubilación.

Cuando te sientas cómodo con tu plan o fondo, verás cómo eres tú el que decide incrementar la aportación.

Como verás, en ninguno de estos escenarios tendrás que conocer nada sobre valores, cotizaciones, etc., etc., etc. Eso tiene un precio en forma de comisiones, pero interprétalo como el precio que pagas por despreocuparte de todo menos de realizar la aportación periódica. Está claro que hay otros métodos, tal vez mejores, tal vez peores, pero si no quieres complicarte, siempre será mejor optar por uno que no hacer nada y seguir con el “Tengo que hacer algo”.

Aplica uno de estos dos métodos, y dentro de un par de años no dejes de pasarte por aquí a contarme cómo te ha ido. Y, ya lo verás, sé lo que me vas a contar: te tirarás de los pelos por un solo motivo: no haber empezado antes… porque, ¿a qué realmente te hace sentir un poco más (f)independiente?

Trescientos mil €uros… y una pistola. (Ahorro vs. Inversión).

   En nuestro afán de llegar a la meta con algo más que la mísera pensión –si existe entonces- que te quede después de años y años trabajo, habremos podido optar por tres caminos.

  • No haber hecho nada. Ni ahorro, ni inversión. Ni nada. Supongo que tu vida habrá sido una satisfacción absoluta, un disfrute continuo, un no parar de placeres… pero ¿realmente merecía un final así? Y, a partir de ahora, esto, ¿cuánto dura?… Cualquier tiempo pasado fue mejor. Bienvenido al infierno.
  • Bien lo conseguiste. Has ahorrado trescientos mil €urazos (€300.000), Enhorabuena. ¿Cuántos años tienes? – 67. Bien… y ¿Cuántos años más piensas vivir? Pues… ni idea. Bueno, 20 no estaría mal. Cascar con 87 y sin mucho ruido podría estar bien. Podría ser antes… pero también después.

   ¿Entonces?. Pues eso, trescientos mil €uros, y una pistola. Los 300.000, a dividir entre 20 años, a razón de 12 pagas al año. Son 15.000 €uros al año. 1250 €uros al mes.

   Vaya. No suena tan bien. Y si el destino encima “te juega una mala pasada” y le da por que vivas hasta los 93. 6 años más. 26 desde la jubilación. ¡Uffff! 11.538€ al año. Eso son 961 €uros al mes. Mileurista a la vejez. Pues vaya plan. Bueno, son a sumar a la pensión del estado… la cosa no está TAN mal.

   Y después… pues es donde entra en juego la pistola. Si vives más, mejor usarla, por muy bien que estés… porque cada año “de regalo”, pasa una enorme factura a la calidad de vida de los años anteriores. Y debe ser durísimo ver como cada año que pasa, la bolsa va menguando y menguando… cada año… y cada año que pasa, tengo que ajustar el presupuesto… y… llega un día en que se acaba… ¿Dónde decías que estaba la pistola?

   Ahora, párate a pensar: ¿crees que serás capaz de llegar a tener 300.000 €uros contantes y sonantes antes de los 67? Estos cálculos ya te los dejo a ti. No te asustes demasiado.

  • Ahorro + Inversión. Bien lo conseguiste. Has ahorrado trescientos mil €urazos (€300.000), pero además, los has invertido. Enhorabuena. ¿Cuántos años tienes? – 67. Bien… y ¿Cuántos años más piensas vivir? Pues… ni idea. Bueno, 20 no estaría mal. Cascar con 87 y sin mucho ruido podría estar bien. Podría ser antes… pero también después.

   Y ¿Cuánto dices que te rentan esos 300.000 Euros al año? – Un 3,54% (para éste cálculo he utilizado la rentabilidad por dividendo del IBEX35 en el mismo momento de escribir este artículo). Eso significa un retorno anual de 10.620€. Eso son 885€uros al mes. Mileurista a la vejez. Pues vaya plan. Bueno, son a sumar a la pensión del estado… la cosa no está TAN mal.

   Eso sí, con altibajos, estaré percibiendo esta cantidad INDEFINIDAMENTE. Me he ahorrado unas cuantas preocupaciones y una gran angustia acumulativa año tras año. ¡Ah!… ¡y una pistola!


   Todos estos cálculos habría que matizarlos después con los datos de la sinvergonzonería del estado, la inflación, etc, etc… pero como estos factores afectarían a los tres escenarios por igual, he optado por obviarlos por una cuestión puramente didáctica. Ruego me disculpéis y comprendáis mi objetivo.

   Y como colofón, aportaré un alivio más: para el cálculo final, tal como he comentado, sólo he utilizado la rentabilidad por dividendo del IBEX35. Pero recordemos que el montante principal, los 300.000 €uros, en este último caso, NO se tocan. Lo que quiere decir que seguirá “bailando” al ritmo que marquen los mercados. Con una rentabilidad histórica próxima al 6%, en el momento de escribir este artículo…

  Y ahora, tú eliges. ¿Cuál crees que es la opción más (f)independiente?

El valor de una noche de tapeo.

   Nadie nos ha preparado para conseguir crear un patrimonio, incrementarlo, mantenerlo y poder llegar a disponer de él en caso de necesidad.

   Nadie. Porque a nadie, excepto a quien tiene un poco de inquietud sobre este asunto, le interesa.

   Pero para eso estamos aquí. Precisamente para eso. Para llevar la contraria a un modelo social que ha caído en un consumismo absurdo, y al que nadie quita la venda de supuesto bienestar que le tapa los ojos. No soy pesimista. Pero veremos qué pasa de aquí a unos años: Tú te equivocas, yo me equivoco.

   A la hora de alcanzar la independencia financiera -vertiente económica de la (f)independencia- es necesario matizar el término con una dosis de realismo: llegar a ser completamente independiente, financieramente hablando depende de bastantes variables, que deben de confluir para llegar a un resultado exitoso.

  • Cantidades que se pueden aportar.
  • Tiempo que tenemos por delante.
  • Periodos de Alzas o bajas del mercado.
  • Y lo más volátil de todo… las bonanzas o desventuras de la vida misma, que nunca sabemos qué nos depara a la vuelta de la esquina.

   Así, aquí no venderemos un sueño de independencia financiera, sino de alcanzar un determinado grado de la misma. Y me explico: con 20 añitos, la vida por delante y el modelo de ahorro/inversión interiorizado y llevado a la práctica tempranamente, pues la verdad, el porcentaje de éxito del plan crece muchísimo. No son necesarias grandes aportaciones, hay mucho plazo para ser constante por delante, y pasarán cosas en la vida… que váyase Vd. a saber. Pero lo dicho, es probable que al final del camino laboral, se pueda llegar a vivir de las rentas.

   Con 40, la cosa se complica, ya no hay tanto tiempo por delante y se ha limitado bastante el efecto del interés compuesto, que obra milagros –para bien o para mal- sobre el dinero. En este escenario, puede que sin deudas importantes por delante, y siendo constante en las aportaciones, … pues bueno, seamos realistas, se llegará… a lo que se pueda. ¿Independencia financiera?.. Pues no del todo… pero sí una mejora en la calidad de vida. Puede que lleguemos a que si la cuantía mensual de nuestra pensión es de 1000€ (y ya lo dudo, porque el sistema se pensiones está condenado), podamos completarla con otros 300€, cada mes. Es la diferencia entre estar, y estar mejor. Porque bien… en ninguno de los casos (créeme, que cuando escribo cifras suelo tener en mente el poder adquisitivo del dinero en el futuro, que para que te hagas una idea, viene a perder el 50% de su valor cada 20 años).

   Con este enfoque, verás que no soy pesimista, sino todo lo contrario. No sé si tienes 20, 30, 40… o incluso más… pero siempre se puede hacer algo, algo para vivir mejor.

   Dicho esto, y retomando el asunto de esta entrada, para llegar a la meta es evidente que hay que “poner la carne en el asador”… y cuanto mayor eres, más carne habrá que poner. Si has tenido la suerte de leerme pronto, enhorabuena, futuro millonario, con poco esfuerzo y mucho tiempo lo tienes todo ganado. Si ya eres más talludito, interioriza esto: menos es más. Parece una contradicción, pero te lo explico rápidamente: a cierta edad, y acercándose al ahorro/inversión con algo de cabeza por primera vez, uno comprobará que tiene limitada la capacidad de maniobra: obligaciones familiares, hijos tal vez, pagos de colegios, cierto nivel de vida…

   No lo critico. Es lo “normal”. Pero recuerda que hay que cambiar el paso. Y ese cambio empieza por tu relación con el dinero. Lo primero que necesitas hacer es quitarte el dinero de en medio. “Billete cambiado, billete gastado”, que decía un hombre sabio. Y debes quitártelo ANTES de llegar a disponer de él. No hay otra manera. Luego ya veremos cómo “moverlo”.

   Tu nuevo enfoque pasa por gastar un poco menos, para llegar a obtener más.

   Y aquí, hay que establecer una balanza. Los tacaños y roñosos nunca me han caído bien.

   Verás que no pido demasiado: ¿qué cantidad te comprometes a hacer desaparecer de tu cuenta el día 1 de cada mes? Sé valiente. Y no exageres con algo que no vayas a poder cumplir.

   ¿50€? No es mucho. Seguro que pensabas en mucho más. Confiesa. Es el equivalente a una noche de tapeo no planificada. Un pequeño sacrificio. Pero ya verás que esos 50€ al mes van a construir una base que, aunque a día de hoy no te lo creas, pasará a formar parte de tu vida, de tu nueva vida… (f)independiente.

   ¿Y qué hago con esos 50€? Pues abrir una cuenta, meterlo ahí, y esperar otros meses. Y cuando durante 4 meses hayas sumado 50€, tendrás 200€. Eso es ahorro. Y esos 200€ los pondremos a “bailar”… durante años. Y eso es invertir.

   Y vuelta a empezar.

   Y no te asustes, que verás que no es complicado. Eso es lo que piensa casi toda la gente. Los que sin tener ni idea, sin haber leído una palabra, sin haber experimentado nada, te dirán “eso es arriesgado”, “vas a perder tu dinero”…

   Pero yo te voy a hacer una pregunta para hacerte reflexionar: ¿cuánto de tu dinero recuperas tras tu noche de tapeo?. Conozco la respuesta: NADA. Pues es es lo que te pido, que cambies el chip, y cuando retires esos 50€, te los lleves mentalmente a “gasto”. Porque es así, aunque estén ahí, gastados están. Como la noche de tapeo. Pasó. 50 €uros menos.

   La diferencia va a ser muy ligera: el el primer caso, pagabas unas cañas, y un tapeo. En el segundo, nos vamos a regalar un producto financiero, con la esperanza no de que se quede en una noche e tapas, sino de que se tire “bailando” por los próximos 10 años… como poco.

   Y ya verás… porque además no me cabe duda de que te las vas a apañar para sacar otros 50€ de donde sea… ¡y seguirás disfrutando de tu noche de tapeo!

Cambiar el paso.

   Creo que ya he comentado en alguna ocasión que si haces lo que los demás, llegarás a formar parte de esa masa común que se deja llevar por la inercia.

   Párate a pensar: llevas toda la vida haciendo lo que se supone que debes hacer… y ¿qué has conseguido?

   No me malinterpretes. Cada logro en tu vida tiene todo el mérito del mundo. Pero sé crítico contigo mismo: cada logro es muy similar al logro conseguido por el común de los mortales. Somo s legión… La inercia, otra vez.

   Cambiemos el paso. Hagamos las cosas de manera diferente:

   “Lee mucho, y vivirás como pocos”.

   Habla con la gente que te rodea. Y, a la vez, cuestiónate su existencia… no sin antes cuestionarte la tuya, claro. ¿Qué logos? ¿Qué éxitos? ¿Qué fortuna? ¿Qué meritos?

   Casi todos iguales. O parecido. Y fíjate, en sus costumbres:

   ¿Ven la TV o leen?… ¿Qué leen?… Verás que la TV no me interesa demasiado. No digo que no tenga un 1% de interés… pero ante un libro… Libro 10, TV 0. Goleada.

   ¿Les forman o se forman?… ¿En qué se forman?…

   ¿Viven o sobreviven?…

   ¿Ahorran o no?

   ¿Invierten?

     …

   Y si te has hecho antes las mismas preguntas… y has sido un poco auto crítico… verás que no hay demasiada diferencia…

   Por eso hay que cambiar el paso… porque si no lo cambias, la inercia te arrastrará.

   Lee.

   Fórmate.

   Vive.

   Ahorra.

   Invierte.

   Si nos fijamos en los tres pilares de la (f)independencia, en esos tres ámbitos hay que cambiar el paso:

   En el ámbito de las habilidades técnicas, lee, mantente informado, se voraz con la información y estate a la última… ¿Cuál es la tendencia?¿qué viene?¿qué sé vá?. Adáptate y asume nuevos retos. “Nadie nace aprendido”. Asume el reto de poder encontrarte con algo que te guste o te sorprenda… porque si no lo haces, seguirás exactamente como estás. Saca tiempo, es el precio. Y no dejaré de decir que el tiempo es lo más valioso del mundo. Más que el dinero, no lo dudes. Así que es un alto precio, pero verás que merece la pena.

   En el ámbito de las habilidades interpersonales, más de lo mismo. No dejes de aprender. Y experimenta: ahí fuera está el mejor laboratorio del mundo para experimentar en este campo. Sé de esas personas que hacen pro recordar los nombres, que estrechan la mano con decisión, que miran a los ojos, que sabes decir “no lo sé” pero que luego son ávidas a la hora de tapar esa carencia. Aprende a hablar en público. Y habla en público. Una vez más nadie nace aprendido. Esto que suena tan ambicioso, puede ser tan sencillo como una imitación. Busca un discurso que te guste, y visualízalo una y otra vez. Apréndetelo. Y luego, hazlo tuyo. Moldéalo para decir lo que tú quieres. Muchas expresiones verás que servirán. Así, poco a poco, podrás pasar de ser un mero hablador, a conseguir transmitir lo que piensas. Y ahí hay un salto cualitativo muy importante. Y con este poder (que lo es), podrás negociar con otro punto de vista.

   En el ámbito financiero… ¡adivinaste! Más de lo mismo. Deja de hacer lo que todo el mundo, que ricos no hay tantos, y por algo será. Primero aprende, y luego pon en práctica. Selecciona muy bien de quién aprender, porque como te digo, ricos no somos muchos. Pero la mayoría de los que lo somos no es por casualidad. Aprende las reglas del dinero y su funcionamiento, que te digo desde ya que no son demasiado conocidas. Y haz lo que pocos hacen como pocos lo hacen: ahorra e invierte. Largo plazo. Olvida el dinero rápido. No digo que no exista, pero es una de esas reglas que “el dinero que rápido viene, rápido se va”. Compra barato y vende caro. Así de simple. ¿Cómo? Pues si te estás formulando esta pregunta, la respuesta la tienes en el título de esta entrada. Cambia el paso: compra cuando todos venden. Y… sencillamente… intenta no vender nunca. Un rico de verdad, como es Warren Buffet, es lo que dice hasta la saciedad…

   Sé que ésta es una entrada densa. Lo es. Puede que no arroje demasiada luz sobre “cómo” llevar a cabo todo esto. Caso seguro. Me quedaré con una respuesta que me des: ¿te he convencido de que si haces las cosas como el resto, obtendrás sus mismos resultados?

   Así que llegado a este punto, puedes hacer dos cosas: seguir al paso que marca el pelotón… o cambiar el paso.

   Lo único que hay que tener es coraje. Cambia el paso.

Yo, mi, me, conmigo.

La vertiente financiera de este proyecto, a diferencia de otros, no requiere socios.

Como he comentado en alguna ocasión, yo ya he pasado por esto antes. Y sé lo que supone esa búsqueda de un socio solvente, a todos los niveles: un socio que aporte conocimiento, sabiduría, ideas, esfuerzo, y a ser posible, que además sea financieramente sólido. Básicamente, que aporte lo mismo que yo. Y si no me lleva la contraria, pues mejor, porque la idea original era mía.

Y encontrar este socio, que te apoye en el proyecto, y comparta éxito o fracaso… es tarea difícil.

Tan difícil, que el proyecto no llega a materializarse nunca… esperando.

Bueno, pues para tu proyecto financiero voy a darte 2 noticias, cara y cruz, una buena, otra mala.

La mala, cuanto antes se pase el trago mejor: para esto, estás solo. Lo siento, Juan Palomo.

La buena: para esto, estás solo. Enhorabuena, Juan Palomo.

Así de sencillo.

Y tu solito vas a ser capaz de prosperar. Ya lo verás. Te repito que yo ya he pasado por esto antes.

Y sé lo que se siente.

Pero al final del camino, vas a conseguir haberte distanciado de la manada, que va por inercia, que no se cuestiona pasado, presente ni futuro… Así es. Porque la vida tiende trampas en las que es fácil de caer. Muchas de ellas, siento decírtelo, por creernos menos que el de al lado, y esperar a ver su movimiento para replicarlo inmediatamente… y así, no equivocarnos solos.

Siendo decirte, Juan Palomo, que aquí las decisiones las tomas tú.

Espero que entiendas que la (f)independendencia “no es cosa de varios”. Aquí mandas tú. De eso se trata. ¿Quién mejor que tú para controlar tu (f)independencia?

Con el tiempo, descubrirás la belleza intrínseca de todo esto… y el mérito será sólo tuyo. Y al contar tu experiencia, la forma de pronombre personal que más uses será la primera persona del singular: yo, mi, me, conmigo.

Ahora entiendes el título de esta entrada.

Hablarás, sabrás, decidirás y actuarás por ti mismo. Pocas personas pueden permitirse ese lujo. Te lo aseguro. Y la satisfacción que eso proporciona… ¡ahhhhh!…¡¡¡es enorme!!!

Tal vez pueda transmitirte algo de esta sensación Edmond Rostand en boca de Cyrano de Bergeracq:

<< En cambio… ¡oh, dicha, vencer
gracias al propio heroísmo,
fiando solo en ti mismo,
pudiendo siempre a placer
himnos de gloria entonar
o denuestos proferir,
soñar, despertar, sentir,
lo que es hermoso admirar;
tener firme la mirada,
la voz que robusta vibre
andar solo, pero libre,
ponerte, si ello te agrada,
el sombrero de través,
por un sí o un no batirte,
hacer versos o aburrirte,
ser arrogante o cortés
no escribir nunca, jamás,
nada que de ti no salga,
y, modesto en lo que valga,
pensar que otro vale más;
¡y contentarte por fin,
con flores, y hasta con hojas,
como en tu jardín las cojas
y no en otro jardín!…
En resumen: desdeñar
a la parásita hiedra,
ser fuerte como la piedra,
no pretender igualar
al roble por arte o dolo,
y, amante de tu trabajo,
quedarte un poco más bajo,
pero solo, siempre solo.>>

Bueno, ¿eh?.

Intereses ocultos.

Por si no te has dado cuenta, hay un complot contra tu prosperidad.

Básicamente, no sólo quieren quedarse con tu dinero… además no les interesa que prosperes, en ningún sentido.

A los gobiernos, no les hace gracia que los miembros de su comunidad adquieran cultura, por el medio que sea… La gente culta puede formarse una opinión propia, emitir un juicio fundamentado, llevar la contraria con alguna razón… en resumen, “no dejar hacer”… a sus anchas. Pruebas de ello (algunas entre mil) es el tipo del impuesto con el que se grava la compra de un libro, o asistir al teatro y al cine. O también los peliculones que durante años han puesto en la televisión, a altas horas de la noche, con intención de que los únicos mortales con posibilidad de estar en vela a esas horas, entre otros los desempleados, no madruguen demasiado y les dé por ir a hacer ruido…

Tampoco les hace gracia a los gobiernos la gente solvente. Los gobiernos prefieren pensionistas. Votos cautivos, a mereced de una promesa electoral. Votame, porque yo soy el que controla tu vida, aumentándote o disminuyéndote la cuantía de la pensión. Y si no tienes esa dependencia, pierdo algo de control… y en una de esas se te ocurre votar a otro.

Pero no sólo a los gobiernos les interesa que no seas próspero. Al mismo mercado que puede enriquecerte, tampoco le interesa que lo hagas demasiado bien. Siempre se dice que el mercado juega con unas reglas de suma cero. Es decir, que donde uno gana, otro pierde. Pero esto realmente no es así. Y es que en el mercado hay otros “jugadores”… y muchos de ellos siempre ganan. En cada operación de venta, de compra, puts, calls, etc, etc.. algún interviniente siempre se lleva una “mordida”: la comisión del bróker, el canon de bolsa, la retención en el pago de un dividendo (que, por cierto, es dinero por el que la empresa que paga el dividendo ya ha tributado, y consiguientemente no debería volver a gravarse de ninguna manera).

En resumen, ni yo gano tanto, ni tú pierdes tan poco…

Si hay 20 fichas en la mesa, con 2 jugadores y partiendo cada uno con 10 fichas, si yo gano 5, a ti te quedarían otras 5. En el mercado real, con el mismo escenario, si yo gano 5, 1 se la quedará mi intermediario, y otra Papá Estado (el peor padre del mundo), con lo que me quedo con 3. Y tú, pobre de ti, pierdes los 5 que yo he ganado, y uno más para los intermediarios…

En resumen: Yo me quedo con 13. Tú con 4. Y los intermediarios se embolsan 3. Da igual que la operación sea a la inversa. Tú ganas, yo pierdo… y los intermediarios (Papá Estado, el peor padre del mundo y la banca) vuelven a ganar. Y así, indefinidamente.

Esto ya lo sabías. Pero verlo así espero que te haga reflexionar sobre casi todos los titulares de prensa que leas… Un análisis desde este enfoque te hará llegar a la conclusión de que en el mercado el largo plazo no existe. Compra y vende. Vende y compra. Cuanto más mejor. Qué tú ganes o pierdas ya es otra cosa… tu opera… opera… y no dejes de operar.

Pasando por caja, cada vez.

En mi vida financiera he tocado muchos palos. Desde un depósito garantizado, hasta trading intradía operado por sistemas automáticos.

A día de hoy, independientemente de que se pueda hacer dinero o no con cada tipo de inversión, el largo plazo es sin duda el mejor aliado de la proporción comisiones/inversión.

Y como quiero una alta probabilidad de éxito en mi intención de hacerte un poco más libre, lo llevaremos a la práctica.

Y algún día, ya lo verás, ¡serás (f)independiente!

La paradoja del Dinero.

   El dinero. ¿Qué tendrá?… Un algo por el que las personas son capaces de hacer casi cualquier cosa…

   ¿Será que, como dicen, el dinero da realmente la felicidad? Ya te digo yo que no. Es más, en muchos casos, el dinero no sólo no proporciona la felicidad, sino que trae de la mano algunos problemas.

Y es que el dinero, como el vino, tiene vida propia.

¿Cómo se explica entonces que algo tan común como es el dinero, en ocasiones sea tratado como un tabú?

No está bien hablar de dinero… y sin embargo es muy complicado vivir un solo día sin realizar una transacción económica.

Abrimos los ojos por la mañana, encendemos la luz… Y ese gesto ya implica que un contador se ponga a contabilizar nuestro gasto… y eso significará un desembolso.

El desayuno…
El transporte hasta el trabajo…
El rendimiento de nuestro trabajo…

   Para bien, o para mal, casi todo, al final, está relacionado de alguna manera con una transacción económica. En última instancia, con dinero.

Y sin embargo, está feo hablar de dinero.

Hay dos cosas que harás hoy: una, pasar por el baño. Otra, mover dinero…

Paradójicamente, no se habla de dinero. Esta feo… pero a la vez (otra vez, paradójicamente) también está mitificado, y es objeto de deseo. Y para algunos, es símbolo de status. Y se asemeja al éxito.

Nada más lejos de la realidad. El dinero es sólo eso. Dinero.

   No implica nada más. Se puede tener. Se puede acumular. Se puede ganar y perder. Pero, como veremos aquí, tiene sus propias reglas, y hay que conocerlas.
Una de esas reglas, precisamente consiste en disociar el dinero de todo lo demás… de las creencias que la mayoría de la gente tiene sobre él. Esta regla es fundamental y muy importante para el éxito financiero. ¿Cuántas personas ricas conoces? Normalmente, no muchas. Sin embargo, parece que hay un sentimiento común hacia el dinero. Y ahí está el error. Pensar como los demás, te hará parecerte a ellos…

   – ¿Entonces?

   Pues ya lo hemos comentado: piensa diferente. Y esto pasa por disociar el dinero de todo lo demás, porque el dinero…

– No da la felicidad
– No es símbolo se status
– No significa éxito
– No… (lo que se te ocurra)

Es sólo eso, dinero.

Y si interiorizas esto, estarás más cerca de la (f)independencia.

Tú te equivocas, yo me equivoco.

Una creencia: el sistema público de pensiones va a fallar.

Tú no lo crees, porque si lo creyeses ya hubieses hecho algo. La vida tras la jubilación es larga, y siendo previsor… ¿te has parado siquiera a calcular cuál será tus necesidad económica llegado ese momento?

El sistemas de pensiones va a fallar, es lo que creo, y tu no lo crees. Llegados a este punto, pueden pasar dos cosas: que tu te equivoques, o que me equivoque yo.

Luego veremos las consecuencias de ambos escenarios, pero antes voy permitirme exponer algunos de mis argumentos.

El sistema público de pensiones de hecho ya está quebrado. Con las políticas actuales, con las pasadas. y con las futuras. No hay salida.

El hecho es que todas las aportaciones que cada uno realiza a este sistema están destinadas a cubrir la necesidad de pago actual. Pero, ¿qué pasaría si poco a poco el número de demandantes de esta prestación se incrementase sustancialmente? ¿Y si adicionalmente, el número de pagadores fuera disminuyendo? Pues ahí lo tienes, el sistema no lo soportaría y  se produciría un impago.

Bien, pues siento comunicarte que eso es precisamente lo que está pasando. Resulta que los actuales pagadores a las arcas del estado para cubrir las pensiones actuales son la generación del baby-boom, de la explosión demográfica… la parte más ancha de la pirámide de población…

Y si son la parte más ancha, es porque los que fueron llegando después, fueron perteneciendo a familias con menor número de hijos.

De momento sólo con éstos datos, la cuenta ya no sale: los pagadores de ahora, que son más, sí son capaces de pagar a los demandantes de ahora, que son menos.

En el futuro, menos no podrán pagar a más. Pura lógica.

Inmigrantes, bienvenidos. Necesitamos vuestra colaboración. Pero me parece a mi que ni aun así.

Por otro lado, y para reforzar mi postura, comentaré que esto que yo cuento aquí, es de sobra conocido por la clase política… que lo explota a su antojo según sople el viento: que necesito voto, pues recurro al tema de las pensiones, que así condiciono algunos votos de los que más necesitados están…

Además, las pensiones públicas han muerto desde el mismo momento en que se desligaron del Indice de Precios al Consumo (IPC). Supuestamente (y digo supuestamente porque el dato del IPC es bastante cuestionable, aunque eso ya es otro asunto) antes las pensiones se actualizaban teniendo en cuenta este valor… lo que suponía que la cuantía de la pensión subía proporcionalmente con el coste de la vida.

Pero esto se acabó, las pensiones hace ya algunos años que se desligaron del IPC, y se estableció un baremo diferente, con un mínimo supuestamente “excepcional” que sólo se emplearía en caso de necesidad…

Pues sí… lo que te temías: resulta que ese mínimo es el valor más usado últimamente… Bueno, básicamente, a la hora de escribir ese artículo, es el único valor que se ha empleado para calcular la actualización de las pensiones.

No hay que ser muy “lince” para hacer una proyección: si la vida sube de media un 1,5% anual, pero la pensión futura se actualiza en base a un 0,25% anual… pues eso, con la cuantía que percibamos en veinte años, ¿qué podremos hacer?. Buena pregunta, ¿qué podremos hacer?. Pinta mal. Yo no me espero a conocer la respuesta. Y esto me lleva a la cuestión principal de este “post”: ¿qué pasa si tú te equivocas? ¿Que pasa si yo me equivoco?.

Si tú te equivocas, significa que las pensiones no darán ni para pipas. En resumen: es cuetión de tiempo que estés “j*did*”. Si sigues por donde vas, te espera un futuro incierto. Vale que ahora nades en la abundancia, pero terminar la partida con un amargo sabor e boca seguro que no te va a gustar demasiado.

Si yo me equivoco, significa que las pensiones  han pasado la prueba, que se pagan, y que su poder adquisitivo es digno… En ese caso, te daré la enhorabuena y reconoceré mi error… pero desde las Bahamas, porque sumando la cuantía de la pensión pública a la que se supone que producirá el esfuerzo del ahorro/inversión que he realizado a lo largo de toda mi vida, debería dar para permitirme ese tipo de caprichos.

Tú decides. Puedes esperar a ver si soy yo el que me equivoco… o correr el riesgo de un futuro de carencias asegurado. Independientemente de lo que ocurra, no dejes de pensar en una cosa: el momento de tomar medidas es ahora mismo. Estás tardando.

Yo, desde luego, prefiero tener que darte la razón a tí.

20, 30, 40… o incluso más.

Venti tantos…

Tal vez treinta y tantos…

Quizá ya cuarenta… o incluso más.

¿Y ahora qué?… Esa es la pregunta que te ha traído hasta aquí. Y ahora… ¿qué? Lo has pasado bien, has hecho algunas cosas, y los años han pasado. Yo viví lo mismo. Llega un momento en que esa pregunta se te pega y no te deja en paz. “Y ahora ¿qué?” El buen sabor de boca del pasado, empieza a amargarse por la llegada de un futuro incierto. Los años pasan, y hay algunas preguntas y propósitos aparecen en tu cabeza: “tengo que ahorrar, no puedo seguir así”… “¿y si el día de mañana no hay pensiones?”… “¿y si enfermo?”… o peor aún… “¿y si enferma (si lo tienes) algún hijo, algún familiar, alguien que realmente te importe?”… ¿y si me despiden? ¿y si me quedo sin trabajo?…

Tal vez has tenido apoyos… tal vez los sigas teniendo… pero el pensamiento y la necesidad de ser independiente te asaltan. Necesitas ser tú. Necesitas ser libre. Necesitas cambiar algo que te permita realizarte…

Pero la vida no cambia, y tu espera se prolonga en el tiempo… y ese día no llega. Y tienes buenas ideas, y planes, y piensas con inteligencia, pero nada cambia.

El sentimiento es cada vez más agobiante…

“Quiero montar algo”

Pero no puedo. Necesito tiempo. Necesito dinero…

Te suena, ¿no?

Como te he dicho, yo viví lo mismo, tal vez un poco más acelerado por eso de que la vida, casi siempre, se las gasta duras… pero lo cierto es que no queda más remedio que mirar hacia adelante y tirar. Con una diferencia, eso sí. Hasta hoy, es probable que hayas estado tirando “por inercia”. No es culpa tuya. No nos han enseñado. Y muchas cosas, las hacemos pidiendo opiniones de otros que… ¿realmente saben? Los “amigos” que amablemente te alejan de la senda equivocada con su “eso es arriesgado”, “eso no va a funcionar”, “estás loco”…
Pero hoy vas a separarte de la manada, y vas a empezar a tener un poco más de (f)Independencia.

¿Y que es la (f)Independencia?

De momento puedo contarte que la (f)Independencia es un estado personal que te hará más libre.

Un estado que conjuga habilidades técnicas, habilidades interpersonales y habilidades financieras. Ya verás que unas se complementan con las otras, y si consigues conocer tan sólo un poco de cada una, verás que tu crecimiento personal va a ser exponencial.

Y conseguirás algunas cosas. Tal vez llegar a tu meta…

¡Y serás (f)Independiente!