Tú te equivocas, yo me equivoco.

Una creencia: el sistema público de pensiones va a fallar.

Tú no lo crees, porque si lo creyeses ya hubieses hecho algo. La vida tras la jubilación es larga, y siendo previsor… ¿te has parado siquiera a calcular cuál será tus necesidad económica llegado ese momento?

El sistemas de pensiones va a fallar, es lo que creo, y tu no lo crees. Llegados a este punto, pueden pasar dos cosas: que tu te equivoques, o que me equivoque yo.

Luego veremos las consecuencias de ambos escenarios, pero antes voy permitirme exponer algunos de mis argumentos.

El sistema público de pensiones de hecho ya está quebrado. Con las políticas actuales, con las pasadas. y con las futuras. No hay salida.

El hecho es que todas las aportaciones que cada uno realiza a este sistema están destinadas a cubrir la necesidad de pago actual. Pero, ¿qué pasaría si poco a poco el número de demandantes de esta prestación se incrementase sustancialmente? ¿Y si adicionalmente, el número de pagadores fuera disminuyendo? Pues ahí lo tienes, el sistema no lo soportaría y  se produciría un impago.

Bien, pues siento comunicarte que eso es precisamente lo que está pasando. Resulta que los actuales pagadores a las arcas del estado para cubrir las pensiones actuales son la generación del baby-boom, de la explosión demográfica… la parte más ancha de la pirámide de población…

Y si son la parte más ancha, es porque los que fueron llegando después, fueron perteneciendo a familias con menor número de hijos.

De momento sólo con éstos datos, la cuenta ya no sale: los pagadores de ahora, que son más, sí son capaces de pagar a los demandantes de ahora, que son menos.

En el futuro, menos no podrán pagar a más. Pura lógica.

Inmigrantes, bienvenidos. Necesitamos vuestra colaboración. Pero me parece a mi que ni aun así.

Por otro lado, y para reforzar mi postura, comentaré que esto que yo cuento aquí, es de sobra conocido por la clase política… que lo explota a su antojo según sople el viento: que necesito voto, pues recurro al tema de las pensiones, que así condiciono algunos votos de los que más necesitados están…

Además, las pensiones públicas han muerto desde el mismo momento en que se desligaron del Indice de Precios al Consumo (IPC). Supuestamente (y digo supuestamente porque el dato del IPC es bastante cuestionable, aunque eso ya es otro asunto) antes las pensiones se actualizaban teniendo en cuenta este valor… lo que suponía que la cuantía de la pensión subía proporcionalmente con el coste de la vida.

Pero esto se acabó, las pensiones hace ya algunos años que se desligaron del IPC, y se estableció un baremo diferente, con un mínimo supuestamente “excepcional” que sólo se emplearía en caso de necesidad…

Pues sí… lo que te temías: resulta que ese mínimo es el valor más usado últimamente… Bueno, básicamente, a la hora de escribir ese artículo, es el único valor que se ha empleado para calcular la actualización de las pensiones.

No hay que ser muy “lince” para hacer una proyección: si la vida sube de media un 1,5% anual, pero la pensión futura se actualiza en base a un 0,25% anual… pues eso, con la cuantía que percibamos en veinte años, ¿qué podremos hacer?. Buena pregunta, ¿qué podremos hacer?. Pinta mal. Yo no me espero a conocer la respuesta. Y esto me lleva a la cuestión principal de este “post”: ¿qué pasa si tú te equivocas? ¿Que pasa si yo me equivoco?.

Si tú te equivocas, significa que las pensiones no darán ni para pipas. En resumen: es cuetión de tiempo que estés “j*did*”. Si sigues por donde vas, te espera un futuro incierto. Vale que ahora nades en la abundancia, pero terminar la partida con un amargo sabor e boca seguro que no te va a gustar demasiado.

Si yo me equivoco, significa que las pensiones  han pasado la prueba, que se pagan, y que su poder adquisitivo es digno… En ese caso, te daré la enhorabuena y reconoceré mi error… pero desde las Bahamas, porque sumando la cuantía de la pensión pública a la que se supone que producirá el esfuerzo del ahorro/inversión que he realizado a lo largo de toda mi vida, debería dar para permitirme ese tipo de caprichos.

Tú decides. Puedes esperar a ver si soy yo el que me equivoco… o correr el riesgo de un futuro de carencias asegurado. Independientemente de lo que ocurra, no dejes de pensar en una cosa: el momento de tomar medidas es ahora mismo. Estás tardando.

Yo, desde luego, prefiero tener que darte la razón a tí.

20, 30, 40… o incluso más.

Venti tantos…

Tal vez treinta y tantos…

Quizá ya cuarenta… o incluso más.

¿Y ahora qué?… Esa es la pregunta que te ha traído hasta aquí. Y ahora… ¿qué? Lo has pasado bien, has hecho algunas cosas, y los años han pasado. Yo viví lo mismo. Llega un momento en que esa pregunta se te pega y no te deja en paz. “Y ahora ¿qué?” El buen sabor de boca del pasado, empieza a amargarse por la llegada de un futuro incierto. Los años pasan, y hay algunas preguntas y propósitos aparecen en tu cabeza: “tengo que ahorrar, no puedo seguir así”… “¿y si el día de mañana no hay pensiones?”… “¿y si enfermo?”… o peor aún… “¿y si enferma (si lo tienes) algún hijo, algún familiar, alguien que realmente te importe?”… ¿y si me despiden? ¿y si me quedo sin trabajo?…

Tal vez has tenido apoyos… tal vez los sigas teniendo… pero el pensamiento y la necesidad de ser independiente te asaltan. Necesitas ser tú. Necesitas ser libre. Necesitas cambiar algo que te permita realizarte…

Pero la vida no cambia, y tu espera se prolonga en el tiempo… y ese día no llega. Y tienes buenas ideas, y planes, y piensas con inteligencia, pero nada cambia.

El sentimiento es cada vez más agobiante…

“Quiero montar algo”

Pero no puedo. Necesito tiempo. Necesito dinero…

Te suena, ¿no?

Como te he dicho, yo viví lo mismo, tal vez un poco más acelerado por eso de que la vida, casi siempre, se las gasta duras… pero lo cierto es que no queda más remedio que mirar hacia adelante y tirar. Con una diferencia, eso sí. Hasta hoy, es probable que hayas estado tirando “por inercia”. No es culpa tuya. No nos han enseñado. Y muchas cosas, las hacemos pidiendo opiniones de otros que… ¿realmente saben? Los “amigos” que amablemente te alejan de la senda equivocada con su “eso es arriesgado”, “eso no va a funcionar”, “estás loco”…
Pero hoy vas a separarte de la manada, y vas a empezar a tener un poco más de (f)Independencia.

¿Y que es la (f)Independencia?

De momento puedo contarte que la (f)Independencia es un estado personal que te hará más libre.

Un estado que conjuga habilidades técnicas, habilidades interpersonales y habilidades financieras. Ya verás que unas se complementan con las otras, y si consigues conocer tan sólo un poco de cada una, verás que tu crecimiento personal va a ser exponencial.

Y conseguirás algunas cosas. Tal vez llegar a tu meta…

¡Y serás (f)Independiente!