El peor padre del mundo.

«El peor padre del mundo» es una entrada escrita por Ernesto Bettschen.


Quien haya dedicado algo de tiempo a leer las entradas de este blog, habrá notado que siempre que en él nos referimos a Papá Estado inmediatamente lo etiquetamos como “el peor padre del mundo”. Desde un punto de vista inversor, la voracidad confiscatoria del Estado se entiende mal. Y esto debe tener su contrapartida en que el estado tampoco debe ver bien a los inversores… cosa que no llego a comprender, porque que una persona solvente es probable que necesite poco de su progenitor.

Una lógica sencilla que justificaría este comportamiento “paternalista” es que el estado necesita que dependas de él de alguna manera que pueda manipular tu intención de voto… Si te prometo que te subo la pensión, y dependes exclusivamente de ella para tu subsistencia… ¿vas a votar a alguien que no sea yo?

Pero los días que vivimos (en plena crisis del Covid 19) han puesto de manifiesto una realidad mucho más triste: a Papá Estado le importamos… nada. En un momento en el que la sensatez obliga a un desempeño excepcional, no vemos eso, sino todo lo contrario. En un escenario que requiere una cohesión total, parece que eso es lo último en lo que el estado piensa. Se antepone la política a la “humanidad”, y parece que los cerca del millar de personas que fallecen cada día son un tema a tratar cuando todo esto pase… Incomprensible: un padre que deja morir a sus hijos.

Está claro que la situación en la que nos encontramos no tiene precedente y, por supuesto, no es sencilla de gestionar. Salir indemne de ella, es imposible. Pero en un momento en el que un acuerdo de actuación no sólo del gobierno, sino de todos (oposición, patronal, sindicatos, etc,etc) es imprescindible, una vez más Papá Estado no se pone a la altura. Y mientras la gente se muere por un problema sanitario, Papá Estado y sus allegados se dedican a hacer política. Creo que es de sentido común, las situaciones de emergencia sanitaria, se resuelven con acuerdos que deriven en medidas sanitarias. Y en esta afirmación la palabra “acuerdos” tiene especial relevancia. Para el gobierno (culpable), y para lo oposición (culpable también). Sé que mi posición al escribir esto es muy fácil: dispara contra todo, sin posicionarme. Pero la indignación me puede, porque veo que no es sólo incompetencia. Es más grave: ni siquiera entienden por qué están ahí. La política se ha convertido en un echar las culpas al otro. Y si tú dices blanco, yo tengo que decir negro. Desafortunadamente ninguno de nuestros políticos se plantea que del congreso deben salir acuerdos, consensos (¿se habrán parado a pensar sus señorías cual es el origen de esta palabra: consenso?). Y no desacuerdos ni desavenencias, que es casi lo único que como ciudadanos llegamos a percibir: tretas y piruetas políticas para llegar a unos frágiles acuerdos que lejos de tener una repercusión médica (la requerida), lo único que consiguen es fomentar un macabro juego de favores políticos, casi personales, construidos, en este caso, sobre una montaña de cadáveres.

Esto es lo que ha pasado. Así de triste. Así de indignante. Así de repugnante.

Sabiendo que un hijo se muere, Papá Estado se queda en la calle discutiendo con un compañero de trabajo si deberíamos ir al hospital en su coche o en del otro… Extrapólese esta situación con la realidad, donde creo que hasta un desconocido, conociendo la situación, nos brindaría desinteresadamente su vehículo.

Y el hijo, que se muere. Eso es lo que le importamos a Papá estado. Nada.

Y tras esta desdicha de vernos hipotéticamente muertos en soledad, cabe un reflexión muy real: si ni siquiera podemos confiar en Papá estado para los asuntos de interés general… ¿podemos confiar en él para nuestras cosas, las que nos preocupan a nivel particular? Para responder, hay que entender que el artículo lo escribo desde una perspectiva que no tiene color político. No se me malinterprete. Escribía hace unas líneas que mi postura es muy fácil, porque en un escenario en que todos son  culpables, se puede disparar a diestro y siniestro (y nunca mejor dicho)…

La respuesta, y aquí hablo a título personal,  es NO. Si en un escenario en el que lo que hay en juego son vidas humanas (¿qué hay más importante que esto?), el mamoneo político es manifiesto… qué no será para temas menos trascendentales, como nuestro futuro, el de nuestros hijos, su educación, nuestra pensión…

La dureza de este momento me anima más si cabe a seguir mi particular búsqueda de la (f)independencia, porque en momentos como este es cuando muchos nos damos cuenta de que…

Nada.

Eso es lo que le importamos a Papá Estado, sin duda el peor padre del mundo.

(f)independencia en ValueSchool.

«(f)independencia en ValueSchool» es una entrada escrita por Ernesto Bettschen.


A finales de 2019 asistí a una charla sobre inversión en la sede de ValueSchool. Concretamente, fuí a escuchar una charla sobre la cartera permanente de Harry Browne (el ponente era Antonio R. Rico, uno de los primeros referentes sobre inversión indexada que yo conocí).

Para los que no lo conozcan, ValueSchool es un proyecto puesto en marcha por Francisco García Paramés para acercar a las personas los principios del ahorro y la inversión.

Y para los que no conozcan a Francisco García Paramés, pues resumiré su carrera diciendo que le apodan el «Warren Buffet español».

El caso es que asistí a la más que interesante ponencia de Antonio R. Rico y tras la misma, además de tener el gusto de poder charlar directamente con él, me interesé por la labor que se realizaba en esa ValueSchool de Paramés.

Así, me dirigí directamente al responsable y me presenté. O más bien, esperé el mejor momento para poder hablar con él, sin demasiada gente.

Así, me informé de las actividades que se impulsan desde ValueSchool, y aproveché para comentar mi labor divulgativa desde (f)independencia.

Creo que (f)independencia es un activo valioso. No en un sentido estrictamente económico. No. Es un activo de conocimiento. Es parte (puede que la más importante) de la herencia que dejaré a mis hijos. Es algo de utilidad a disposición de todo aquel que se interese. Y estoy convencido de ello. Y nada como ese convencimiento para transmitir con entusiasmo lo que (f)independencia es y puede aportar.

Y salí de aquel encuentro con los deberes de seleccionar unos pocos artículos y enviarlos a ValueSchool para ver si cuadraban con su visión de lo que es la inversión.

Y bueno, para no hacer demasiado larga la historia, les envié unas cuantas referencias de (f)independencia, las leyeron, me contactaron, y aquí está, un pedacito de (f)independencia en ValueSchool. No sé si será para tanto, pero de verdad que yo me siento como si me hubieran dado el premio Pulitzer.

Y el reconocimiento (así lo interpreto yo), me impulsa a seguir con mi proyecto de divulgación. Con los mismos valores y principios con los que hace ya unos pocos años me puse a escribir y filosofar sobre conocimientos técnicos, finanzas personales, y relaciones interpersonales.

(f)independencia en ValueSchool.

También, creo que la situación que propició la publicación merece un breve análisis:

  1. «Cuando no hay nada que perder, todo está por ganar». (La frase me la grabó a fuego Frank G. mi coach de mi época de consultor). Y es verdad: ¿qué podía perder yo por presentarme, por contar un proyecto en el que creo y del que me siento orgulloso? Nada. Las excusas para no hacerlo, de ponérmelas, me las estaría poniendo yo mismo.
  2. Si lo que haces es valioso para las personas, es sólo cuestión de tiempo que la demanda genere algún tipo de consecuencia. En este caso, yo no esperaba absolutamente nada a cambio, pero para sorpresa mía, el esfuerzo tendrá una remuneración en forma de… ¡libros! A lo que voy: si lo único que quiero es dinero (si ese es mi objetivo), puedo llegar a conseguirlo… una vez, dos a lo sumo. Si mi trabajo es bueno (y que sea bueno es mi objetivo), entonces es probable que llegue a generar valor para tí… por lo que la remuneración (el dinero)… vendrá (será la consecuencia de mi propósito).

«La remuneración nunca puede ser el objetivo. Debe ser la consecuencia». (E.Bettschen).

Ante todo, mucha calma.

«Ante todo, mucha calma» es una entrada escrita por Ernesto Bettschen.


El momento que vivimos es único. Sin precedentes. Excepcional.

El mundo hiperconectado en el que vivimos me está permitiendo tomar el pulso por varios medios a la comunidad inversora con la que estoy conectado. Y la verdad es que este “análisis” me está resultando bastante interesante.

En los mercados se viven momentos de pánico. Los índices caen como si no existiera un suelo que los vaya a detener. En multitud de conversaciones, de foros, de blogs, escucho o leo mensajes de “llevo perdidos x mil €uros”…

En algunos casos, será verdad. En muchos otros, no tanto…

Pese a reconoceros que yo mismo he caído en esa trampa mental y he utilizado ese mismo lenguaje, la verdad es que todo este escenario que estamos viviendo, aunque con causas de fondo diferentes, ya lo hemos vivido antes.

La última vez que recuerdo un pánico similar fue en el año 2011. Fue cuando se produjo el accidente nuclear de la central de Fukushima, en Japón. Igual que sucede ahora, el mundo estaba en vilo, pendiente de ese acontecimiento… único, sin precedentes, excepcional.

Recuerdo perfectamente un informe que recibía periódicamente, emitido por una entidad bancaria, que reflejaba claramente el sentimiento de mercado: venía a decir que si para una fecha determinada no se había controlado la situación, la recomendación era vender absolutamente todo… algo que sonaba a “sálvese quien pueda”.

Entonces también me trajo recuerdos de otra vez anterior. Otra vez en la que se produjo ese acontecimiento  único, sin  precedentes, excepcional… cuando la quiebra de Lehman Brothers en 2008 oficializaba una crisis que casi iguala a la de las “puntocom” en el 2000…

A lo que voy. Llámese como se llame (coronavirus, subprime, Fukushima puntocom…) esto que pasa hoy, es el día a día de los mercados. Será porque yo llevo en ellos unos cuantos años, y puede ser por eso que me haya acostumbrado (relativamente) a estas situaciones. Como inversor de largo plazo, no asumo ni pérdida ni ganancia. Decir “he perdido”, sin haber vendido nada… simplemente no es verdad. Para perder, hay que vender. Para ganar, también. Y para evitar la tentación de vender o comprar, de nuevo hay que recordar el plan por el que iniciamos nuestra andadura inversora. Ese dinero que nos gastamos (si, si: nos gastamos) en acciones, en fondos. Que no lo vamos a necesitar. Tratando de espaciar las compras en el tiempo, pero con una cadencia constante. Diversificando activos, valores, gestoras, geografías y riesgos…

Sé que es difícil abstraerse del valor económico de la cartera. Pero mi enfoque no puede ser alarmista. Desde que se inició toda esta crisis, ¿Cuántas empresas han anunciado que suspenden el dividendo?. No me cabe duda de que este escenario dejará algún victima por el camino… pero si hemos cumplido con nuestro plan de aportaciones periódicas, diversificación y largo plazo, nos quitamos todo ese ruido de mercado que no deja más que realimentar el pánico.

En los foros y  conversaciones percibo mucho inversor que es la primera vez que se enfrenta a este escenario. Muchos, han optado por el “sálvese quien pueda”, y han deshecho posiciones… materializando las pérdidas. Otros tratan de beneficiarse haciendo movimientos especulativos… que ya veremos cómo terminan, porque el mercado puede permanecer irracional mucho más de lo que nosotros psicológicamente estamos preparados para soportar.

En mi caso, sólo veo oportunidad de seguir construyendo mi cartera. No tengo ni más ni menos que el mismo número de acciones que antes de que comenzara este “nuevo” escenario. Ni más ni menos participaciones de fondos. Cuando el calendario lo marque, compraré. Este tipo de crisis, se producen muy súbitamente, con caídas profundas. Y luego, poco a poco, llega la lenta y larga recuperación, que nos brindará, a los pacientes  inversores de largo plazo, oportunidad de seguir haciendo nuestras compras periódicas (las mismas de siempre) a precios razonables. Y mientras tanto, y ante todo… mucha calma.

© Siniestro Total.

Entonces, optimismo.

«Entonces, optimismo» es una entrada escrita por Ernesto Bettschen.


Suena el despertador. Un día más. Toca trabajar.

En la radio, una de las noticias del día son los 130 millones que le han tocado a un vecino de Villaverde. 130 millones… ¡quién los pillara!

Me imagino esta misma rutina y sentimiento en miles… en millones de personas de camino a su trabajo. 130 millones… ¡quién los pillara! Total, si yo también juego. ¿Por qué no a mí?

Nadie se plantea que si reformulamos el sorteo con algo más de realismo, casi nadie jugaría. A saber: llenamos un estadio de futbol con nada más y nada menos que  76 millones de pelotitas, y te pedimos escoger una… la que contiene el premio… ¡venga, que ahí está la suerte!

De ilusión también se vive, y no seré yo quien te quiete las ganas de jugar al EuroMillones… pero tal vez debas plantearte que es bastante difícil y que no es malo tener un plan por si la “mala suerte” nos acompaña de por vida.

La otra reflexión, es… 130 millones. ¿Realmente hace falta tanto? Pues hombre, si efectivamente me “llueven” porque he tenido la fortuna de escoger la bola premiada entre los 76 millones, pues ¡bienvenidos sean!, pero si no… tal vez deba preparar algo más realista, no vaya a ser que aunque tenga la misma oportunidad de coger la pelotita todas las semanas… no termine la cosa por inclinarse a mi favor.

Así, que… ¿te has parado a pensar cuál es tu cifra “real”? ¿Cuál es esa cantidad por la que luchar “de verdad”? ¿Una cifra que sea alcanzable y que efectivamente me solucione algo?

Esa cifra debería ser real. Tuya. Suficiente e indicadora de que has llegado a la meta.

– Pero… ¿cuál es?…

Pues veamos. Porque efectivamente este cálculo es individual. Para este ejemplo, tomaré el dato (que no sé si es del todo cierto, pero que para este ejercicio vale) de sueldo neto medio (que no mínimo) en España, y que es de 1.749€.

Para calcular un objetivo realista, una fórmula sencilla y ampliamente difundida es la de multiplicar el gasto anual * 25, para luego pasar a retirar un 4%.

Así, para el caso de nuestro trabajador con sueldo medio, que cobra 1.749€ al mes (20.988€ al año) y no ahorra absolutamente nada, su objetivo realista sería de 524.700 € (20.988€ x 25). Y con ese importe, podría retirar el 4%, que vuelve a resultar 20.988€, al año, después, claro está, de rendir las pertinentes cuentas a Papá Estado (el peor padre del mundo).

524.700€. Todo un pastizal, pero es la cifra que si nuestro trabajador medio alcanza, le permitiría mantener su nivel de vida “medio”, pero sin tener que hacer absolutamente nada. Ni siquiera trabajar.

Seamos realistas. 524.700€ es una pasta… Pero seguro que es menos de lo que muchos trabajadores medios creían que hacía falta para “vivir de las rentas”.

Y la segunda parte es… ¿cómo de lejos estoy de conseguir ese objetivo, que por lo menos ya tengo cuantificado? Ya imagino la respuesta:

– Lejísimos… ya “sólo” me faltan 524.700€.

Bueno, eso es mucho o es poco… pero no depende únicamente de la cantidad de dinero, sino también del tiempo que te quede por delante para conseguirlo…

¿Quién dijo que esto era fácil? Poder llegar a desembolsar 300 o 400 euros al mes cuando se tiene 25 años es toda una proeza. Y hacerlo constantemente durante 40 años, todavía más. Pero ahí está la matemática, con sólo dos casos de éxito marcados en verde. Poder se puede, aunque una vez más la probabilidad de poder llegar a ejecutar este plan es casi parecida a la del estadio de fútbol lleno de bolas.

  • ¿Y entonces?

   Entonces, optimismo. Pintaré la tabla desde otro punto de vista: el de la expectativa de qué puedo conseguir en cada caso…

   Decirle a un apersona de 45 años que por cada 200€ que ponga al mes percibirá en el futuro 255€ mensuales como complemento a su pensión e indefinidamente, debería cambiar la percepción del esfuerzo. Tanto como para que merezca la pena iniciar el plan.

Al final, resulta que todos estos casos son de éxito. Todos. Y ahora, tú eliges: elabora tu plan… o sigue escogiendo una bola entre 76 millones…


Nota: el tipo al que renta históricamente el mercado es más próximo al 6% que al 4%. Pero no seamos optimistas y tomemos el 4% como valor de referencia. Porque recordemos que Papá Estado (el peor padre del mundo), también quiere vivir de las rentas…

Feliz año 2020.

«Feliz año 2020» es una entrada escrita por Ernesto Bettschen.


¡Feliz año nuevo!

Antes de cualquier otra cosa, quiero desearos lo mejor para este año… y para todos los que le siguen. Sólo por dedicar vuestro valioso tiempo a leer estas líneas, hace que merezcáis lo mejor. Aunque también tengo la certeza de que si estáis leyendo estas líneas seguro que estáis en el camino de ser afortunados… No por suerte, que tal vez, sino porque sois del tipo de personas que tienen intención de tentar a la fortuna… personas que aunque creáis en la suerte, pensáis que es conveniente “empujarla un poquito”, no vaya a ser que le dé por no aparecer.

Unos lo llamarán suerte. Mi padre lo llamaba “coraje”.

Con esto en mente, ¿cuáles son entonces tus propósitos para el futuro? No hablo sólo de 2020. Me refiero a ese plan vital que te lleve a tentar a la Diosa Fortuna…

Yo, con la brújula de la (f)independencia en la mano (habilidades técnicas + habilidades interpersonales + habilidades financieras)…te cuento…

Habilidades técnicas: a mí no me queda más remedio que seguir estudiando y desarrollando nuevas habilidades. En este ámbito, creo que si no te está pasando algo parecido, tal vez debas plantearte si te estás quedando atrás. Me refiero a que en los últimos años hay una aceleración vertiginosa en el ritmo de los cambios en casi todos los sectores. Raro es el ámbito de trabajo que no se ha visto afectado por los avances tecnológicos. Esto, puede parecer que sólo afecte a herramientas, pero realmente tiene una proyección sobre toda la cultura laboral (modelos de relación, trabajos que desaparecen, nuevos trabajos inexistentes hasta ahora que aparecen, deslocalización del trabajo, nuevos modelos motivacionales, nuevas metodologías, y un largo etcétera sobre el que conviene reflexionar. ¿Crees que tu trabajo no se va a ver afectado por todo esto?) . Lo dicho. En 2020 abro un nuevo ciclo de estudio. Y precisamente es la tecnología la que me va a permitir continuar formándome de una forma (espero que) buena, bonita y barata. Empiezo ¡ya!

Habilidades interpersonales: una de cal… y otra de arena. Sobre este ámbito,  lo tengo claro. Mi intención es dejar un poco de lado la tecnología para “desvirtualizar” mis relaciones. Hablando claro: retomar el contacto directo con las personas. Menos mensaje en el móvil, y más llamadas de voz. Menos llamadas de voz y más quedar, y vernos, y compartir, y sentir… en persona. Tengo la sensación de que estamos más solos que nunca y le echo la culpa a estar super-conectados. Mensajes en tiempo real y redes sociales dan una falsa sensación de proximidad. Para este 2020 quiero dejar de estar ensMIsmado (mirando hacia mi mismo… o mi móvil) para pasar a estar enTUsiasmado (pues eso, tú, ti, te, ¡contigo!). Toda una declaración de intenciones.

Habilidades financieras: de nuevo, toca seguir aprendiendo. Tengo en curso varios experimentos financieros, porque si no he “sufrido” primero en mis propias carnes los rigores del mercado, de los productos, de los intermediarios, etc.,  difícilmente voy a poder contarte algo por aquí. Para poder opinar, primero hay que fundamentar la opinión. Y para eso, nada mejor que obtener la información de primera mano. Y recursivamente, para obtener la información de primera mano, nada mejor que obtenerla tú… experimentando. En la práctica, mi plan financiero parece un reloj suizo. Pese a un año de gastos extraordinarios, el rendimiento también lo ha sido. Pero no declararé un beneficio, porque el péndulo financiero tarde o temprano… girará. Sobre esto, quiero hacer énfasis en que abstraerse de la información de los mercados es la mejor receta que puedo seguir y recomendar. Si por artículos de diversos medios acreditados del  mundillo financiero fuera (hace ya dos años que llevo escuchado la llegada de la corrección en USA…), si hubiese prestado atención, probablemente me hubiese perdido este año, que como digo ha sido extraordinario. La corrección seguro que llegará… y cuando llegue casi seguro que me pillará… haciendo lo mismo, y con la misma cadencia y constancia, que me da muy buen resultado.

   También, sigo con la intención de dejar escritas por aquí mis reflexiones… Tal vez alguien llegue a leerlas alguna vez. 😉

   Todo esto, puesto en una coctelera, me parece una mezcla positiva para 2020. Tal vez me ayude un poco a tentar a la Diosa Fortuna.

   Por supuesto, esta declaración de intenciones me la tomaré con prudencia, porque no hay que descuidar el que “la vida es eso que pasa mientras estamos haciendo otros planes”.

   Y tú… ¿te has planteado ya cómo tentar a la diosa Fortuna?

Fortuna Hans Sebald Beham – Private collection, Scan by Yellow Lion 2006

Consumo continuo.

«Consumo continuo» es una entrada escrita por Ernesto Bettschen.


   Diciembre. Hace algunos años hubiese escrito que es un mes de gastos extraordinarios. Y esto no ha dejado de ser verdad, pero hay que matizarlo diciendo que a Diciembre, en la mayoría de los casos, hay que añadir otros meses de gastos extraordinarios, y que son… Enero, Febrero, Marzo, Abril, Mayo, Junio, Julio, Agosto, Septiembre, Octubre y Noviembre.

   No puedo evitar que se me venga a la memoria una irónica pregunta que mi padre formulaba en ocasiones:

Y hoy, ¿qué se celebra?

   Se la reservaba para aquellas ocasiones en las que detectaba que se nos iba la mano con el gasto. Y era su manera de hacernos reflexionar.

   Y en aquella época, era verdad: más allá del cumpleaños, de las navidades y de contadísimas ocasiones y muy excepcionales a lo largo del año, no había el consumo irracional de hoy en día.

   No me malinterpretéis, que no es nuestra culpa. Es muy difícil resistirse a las rebajas de Enero, a las de verano, a los días de oro, al Black Friday, al “Cyber Monday”, al día sin IVA o a las campañas de turno de 3×2 o la 2ª unidad al 50%…

   Y el más difícil todavía pasa porque la oferta ya no es una oferta generalista, para todos los públicos, sin distinción. La oferta es un traje a medida que te presenta aquellos productos que tu rastro digital indica que estás interesado. Si buscas “envío anticipatorio” en Internet a lo mejor te sorprendes.

   A todo esto, hay que añadir los estímulos que día a día inundan nuestras vidas, y que lejos de ser pocos, han pasado a inundar nuestro subconsciente. Cualquiera que lleve un teléfono móvil o trabaje con un ordenador sabe a qué me refiero: un chorreo constante y oportunista de ofertas. Continuamente.

Las ofertas, y lo que no es oferta pero que tiene un precio “irresistible”: la globalización ha hecho que productos producidos en países ya no tan remotos pero con costes de producción bajísimos, lleguen a nosotros y resulten baratísimos. Entrar en una tienda a por un producto de 2€… y salir con una cesta (literal) llena de productos “tirados de precio”, pero con un ticket final cercano a los 50€ (ticket medio de una conocidísima multinacional de ropa que basa su oferta en esta práctica).

El cóctel lo completan las suscripciones: a los gastos fijos de los suministros habituales (agua, luz, gas), parece que han venido para quedarse nuevos pagos recurrentes para ver la televisión, para escuchar música, para jugar a la videoconsola… y cada vez con más frecuencia te ofrecerán firmar un contrato de mantenimiento o un seguro si compras un electrodoméstico…

Como ya se ha escrito por aquí, te lo vas a comprar, aunque no te haga falta.

   Así que, pobres de nosotros, que más que culpables de nuestro consumo, podríamos decir que somos víctimas de un pérfido sistema al que resulta muy difícil resistirse.

   La pregunta sobre la que debemos reflexionar es si no estaremos hipotecando nuestro futuro con el consumo desmedido de hoy. Si efectivamente este “tren de vida” es sostenible. Si no estaremos primando el consumo sobre el ahorro/inversión, cuando la sensatez nos dice que debería ser al revés. Si aun habiéndonos parado a pensar en la jubilación, nos hemos dado cuenta de que no es nada prometedora… y aun así, tampoco hemos hecho nada.

   Porque en ese caso, no nos equivoquemos: sí, ahora somos víctimas, pero poco a poco nos volvemos cómplices de ese sistema que nos tienta a diario, pero  que no es otro que el que nos está nublando el bienestar del futuro.

   Está muy bien vivir “a todo trapo”, pero no podemos hacer caso omiso a esa inquietud que sabes que está ahí, que ya ha hecho “toc-toc” en tu cabeza”, que empieza a incomodarte, porque parece que el futuro, poco a poco… llega.

Rebalanceo.

«Rebalanceo» es una entrada escrita por Ernesto Bettschen.


Como muchos de vosotros sabréis, desde hace ya unos cuantos años gestiono una cartera Boglehead.

Decir “gestiono” me resulta un poco raro, porque la verdad es que gestionar, lo que se dice gestionar, gestiono poco… Siendo sincero, diré que me lleva… un ratito… ¡al año!

Y como no quiero dejar de ser un poco metódico, esa gestión la suelo realizar el día de San Ernesto, que es el 7 de Noviembre. ¿Por qué esa fecha? Pues porque es exactamente como cualquier otra, sólo que lleva mi nombre. 😉

Y vuelvo a ser sincero: metódico… pero tengo que confesar que a veces, por no encontrar un rato en el que sentarme tranquilamente, me retraso algún día.

Así de trepidante es la “gestión” de mi cartera: un rato al año. Os podéis imaginar, que el resto de año, lo que hago es… nada. Confesaré que hay ocasiones en que accedo a la posición y veo con sorpresa que llevaba sin mirarlo más de un mes… a veces incluso dos.

Y precisamente, desde mi punto de vista inversor, de eso se trata: de tener un esquema inversor que me robe muy poco tiempo, que no me obligue a gestionar y que proporcione un rendimiento aceptable.

En esta cartera no hay análisis técnico, ni selección de valores, ni “timing” de mercado, ni rotación de posiciones, ni análisis de empresas… No me cabe la menor duda de que es la forma más aburrida de inversión que hay. Pero esto, a efectos de rendimiento, resulta bastante beneficioso.

En contraposición a esta inactividad por mi parte, diré que el propio mercado es quien realiza toda la gestión, casi en tiempo real. Cada día, los fondos indexados, con todos los activos que incorporan, se restructuran internamente, cambia su cotización, hay empresas que entran y salen de los índices, cambia el peso de cada una de las empresas que conforman el índice.

Y yo sin hacer nada.

Al final, resumiré toda mi gestión en realizar un seguimiento periódico, y realizar un rebalanceo anual. Sólo si alguno de los 6 fondos que conforman mi cartera se desvía un 5% de su valor objetivo, fuerzo un rebalanceo (adicional al rebalanceo que llevo a cabo anualmente).

El rebalanceo es muy automático. Tampoco aquí tengo que hacer ningún tipo de análisis. Básicamente (tanto en el rebalanceo anual, como en el caso de que haya habido esa desviación del 5% arriba o abajo) se trata de reajustar las desviaciones que haya habido a su valor objetivo.

Si nuestra edad indica que deberíamos tener un 65% de renta variable y ésta ha crecido hasta ponderar un 67%, debemos traspasar ese 3% de exceso de nuevo a la parte de renta fija. Y eso lo haremos traspasando la parte que corresponda a cada fondo, también según los tengamos ponderados.

Un ejemplo de objetivo para una persona de 45 años que haya decidido tener 110 menos su edad en renta variable (para que a medida que se hace mayor poder recuperar su dinero con seguridad llegada su jubilación):

Después de un año, en el caso del rebalanceo anual, todo se reajusta teniendo en cuenta que somos un año más expertos (me niego a decir “viejo”, que últimamente estoy “de cine”), y esto hace que el porcentaje de renta variable y renta fija se recalcule para controlar el riesgo. Consiguientemente cambia toda la ponderación de los activos.

 Si el rebalanceo es por desviación sobre el objetivo, sólo habría que calcular las desviaciones de cada fondo. Imaginemos que la renta variable crece y uno de los fondos (por ejemplo, el indexado al mercado de USA) sobrepasa ese 5% que nos hemos fijado como límite para forzar un rebalanceo…

   En el ejemplo, para rebalancear la cartera, deberíamos traspasar un 8% desde los fondos de renta variable hacia los fondos de renta fija, a ser posible en los porcentajes que hemos calculado para cada fondo.

   Conviene reseñar, que afortunadamente, los traspasos entre fondos de inversión no tributan. Por lo que la operación de rebalanceo es “inocua” fiscalmente.  

La simplicidad de gestión de esta cartera, no está reñida con su rendimiento: ha cerrado el ejercicio 2018/2019 (de San Ernesto a San Ernesto) con una revalorización del 11, 68%.

Y esa es toda mi “gestión” anual. Un poco de matemática y ya está. Volveré a ello el año que viene… ya sabéis.. más o menos el día de San Ernesto. 😉

Dos caminos.

Si has echado un vistazo por estas páginas, sabrás que la (f)independencia va un poco más allá de la independencia financiera. La (f)independencia trata de poner foco en tres ejes, que considera fundamentales para prosperar: las habilidades técnicas, que tratan sobre lo que sabes hacer,  las habilidades interpersonales, orientadas a cómo te relacionas con los demás, y las habilidades financieras, relacionadas con tu prosperidad.

Y esos tres ejes, deben complementarse entre sí porque, si bien trabajados de uno en uno ya mejoran un poco nuestra vida, si conseguimos que se apoyen mutuamente, no me cabe duda de que seremos capaces de aprovechar mejor las oportunidades que se nos presenten. Aprovechar, cuando menos… en el mejor de los casos nosotros mismos seremos capaces de crear esas oportunidades…

Básicamente, lo que viene a “predicar” la (f)independencia es que si trabajamos una habilidad o conocimiento profundamente, estamos bien relacionados y podemos impulsar nuestras ideas financieramente… nuestra probabilidad de éxito en la vida será un poco más elevada.

La alternativa a esto, puede ser vivir esa existencia que nos lleva por el camino común… un camino por el que transita tanta gente que apenas tenemos margen de maniobra. No se vé el propio camino. No se disfruta del paisaje. Se va. Casi por inercia. Es ese camino socialmente aceptado, y casi promovido, que como andamos juntos parece más seguro. No digo que sea un camino fácil de transitar. Pero sí que sé que llega donde llega la mayoría.

Me gusta pensar que si estás leyendo esto, tal vez sea porque te has planteado si efectivamente esa es la meta a la que quieres llegar… la meta “donde llega la mayoría”.

Si es así, ¿Cuál es tu meta?¿Cuál es tu plan para alcanzarla?¿En cuánto tiempo? Si tienes respuesta para estas preguntas, tal vez ya estés cambiando el paso. Si no, simplemente espero haberte incomodado. Y entonces aprovecho para decirte que un solo paso es poco caminar, no te lleva donde quieres estar, pero es el primero que te aleja de tu punto de partida…


“Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,

Yo tomé el menos transitado,

Y eso hizo toda la diferencia”. (Robert Frost)


“Cuando un velero no sabe a qué puerto se dirige, ningún viento es el adecuado”. Séneca.

Aceptación social 2.0

«Aceptación Social 2.0» es una entrada escrita por Ernesto Bettschen.


   El otro día, en una de esas conversaciones que tuve con mi amigo Fansworth, filosofamos sobre los mensajes que reciben las nuevas generaciones sobre el éxito, y la verdad es que (llegamos a la conclusión de que) en este sentido el mundo, a nivel de emisión y recepción de información, se ha vuelto bastante más complejo de lo que era hace sólo unos pocos años

   Por mi edad, he conocido un mundo de información unidireccional, en el que (libros aparte, que ese tesoro, desde que tengo uso de razón,  siempre ha existido) un par de canales de televisión, 4 o 5 periódicos y algunas revistas temáticas era casi todo lo que uno podía consumir para mantenerse informado.

   El mundo de, hoy,  se ha tornado en algo mucho más complejo, donde la información ya es prácticamente omnidireccional, y donde lo realmente complicado no es consumirla, sino determinar qué es lo relevante, qué es cierto, quien está detrás de esta o aquella información, qué intereses la mueven. Todo con derecho a opinión y réplica. Y con una variedad de canales (páginas web, vídeos, redes sociales, foros, etc.) que hace sólo unos pocos años costaba imaginar.

   Muchos jóvenes siguen queriendo ser futbolistas, sí, pero también “youtubers”. Lo que sucede de nuevo es que nos encontramos (esto sí que no ha cambiado) con una expectativa que gestionar. El éxito (tanto para un futbolista como para un youtuber o como para el director de una gran corporación) no es fácil. Requiere siempre gran esfuerzo y dedicación… una habilidad especial, un conocimiento… Talento.

    Y así, la conversación derivó en la elevada posibilidad de frustración que un joven de hoy en día puede sufrir, en muchos casos porque ese altamente complejo mundo de información que recibe le muestra continuamente vidas paralelas exhibidas en forma de biografía exitosa… (que en muchos casos no deja de ser una exposición pública de momentos que nada tienen que ver con la realidad de cada uno, pero eso ya es otra historia)

   Y nuestra reacción primaria (me atrevería a decir que es parte de nuestra naturaleza) es compararnos con lo que vemos de nuestros semejantes… con esos “mejores momentos” que comparten con nosotros. Y aspirar a lo mismo que vemos. Quererlo. Envidiar… pero sin un análisis mayor.

El joven (y no tan joven) de hoy ¿percibe éxito o consumismo?

Ese “éxito”… ¿es real?…

El mundo de nuestros semejantes se nos muestra en forma de mejores momentos capturados y expuestos para obtener una aprobación. Y eso casi que nos fuerza a actuar de manera similar para obtener una aprobación social, para pertenecer al grupo, para poder ser uno más.

«Ser uno más». ¡Uff!. En este blog que predica que si haces lo que todo el mundo obtendrás los mismos resultados que todo el mundo… se me forma un nudo en la garganta al escribirlo…

Para mí, que tengo hijos, se me  abre un importante frente de educación. Importante y complejo.

Una educación que pasa por poner en el ring la aceptación social (que pese a todo lo dicho no deja de tener su importancia) frente a un comportamiento que me atrevería a llamar “borreguil”…

Bueno, creo que ser consciente de la situación ya es algo.

¿Te has parado a calcular qué será de tí?

«¿Te has parado a calcular qué será de tí?» es una entrada escrita por Ernesto Bettschen.


   Corría el año 2011 cuando el estado afirmó que iniciaría una campaña de información a los ciudadanos sobre el cálculo individualizado de su pensión.

   Sin entrar a valorar el porqué de esta desinformación (cosa más que sospechosa y que ya de por sí da muchísimo que pensar), ¿te has parado a pensar en ese escenario futuro?

   Llegado a este punto, ¿Cuál es tu caso?

   ¿Estás perfectamente informado? (por la cuenta –y nunca mejor dicho- que te trae) o  por el contrario no lo tienes del todo claro…

   Si éste último es tu caso, puedes seguir esperando a que el gobierno se decida a cumplir lo que anunció en 2011, pero a lo mejor, cuando te proporcionen la información puede ser que no te guste demasiado.  

   No te preocupes, seguro que ese mismo estado “cumplidor” entiende tu situación y cuando pongas el grito en el cielo se vuelca en resolver tu problema… (¡ja, ja, ja!, ¡seguro que sí!)

   Si no has entrado al detalle, te recomiendo que lo hagas. En Internet hay infinidad de simuladores que te ayudarán a hacerlo. Verás que casi todos vienen a decir lo mismo: en la mayoría de los casos, la pensión a percibir no llegará a cubrir el 100% de tu nivel de ingreso antes de ser pensionista. 

   Si la primera pelota que sobre este asunto el estado ha puesto en nuestro tejado ha sido preocuparnos de cuantificar qué pensión cobraremos, la segunda será preocuparnos de cómo gestionar la diferencia de nivel de vida que puede suponernos pasar a ser pensionistas. Y este esfuerzo no es baladí: lo más “sencillo” sería el ahorro sin más (con el término sencillo, bien entrecomillado, porque si bien la teoría es fácil, en la práctica hay todo tipo de imprevistos, tentaciones, oportunidades, gangas, etc., etc., etc., que hacen que el resultado sea bastante imprevisible). Y luego está el asunto de cómo me las apaño cuando tenga que disponer de ello. Un paso más podría llevarnos a obligarnos mediante un plan de pensiones. Esto parece sencillo. A falta de otra cosa, puede no estar mal, es fácil de ejecutar, y en ausencia de cualquier conocimiento o interés es una opción. No poder rescatar el dinero a la primera de cambio debería ayudar algo. Y luego está todo el universo de las inversiones… que suena a palabras mayores, riesgo y que aparentemente está reservado a unos pocos entendidos.

   La tercera pelota, que Papá Estado (el peor padre del mundo) nos pondrá en el tejado, puede ser una auténtica bola de plomo: gestionar la realidad de nuestra vida de pensionistas (cuando esta llegue) en el caso de que hayamos caído en la desinformación / desinterés y la falta de ayuda para retirar las dos pelotas anteriores.

   Paradójicamente, éste problemilla rodante, afectará de forma más intensa a aquellos que hayan tenido una vida laboral más próspera, porque la pensión máxima en el momento de escribir estas líneas, es de 37.231,74 € brutos anuales (2.659,41€ brutos / mes). Eso quiere decir, que si yo he sido un trabajador que ganaba por debajo de esa cifra, (siempre que haya cotizado los años necesarios), tendré que cubrir un desfase más o menos asumible. Pero si he tenido la fortuna de ganar 60.000€ brutos/ año (4.285,71 € brutos / mes), tendré que cubrir un desfase mucho mayor. O he sido previsor desde bien temprano, o estaré condenado a rebajar mi nivel de vida drásticamente, porque el máximo que percibiré será de esos 37.231,74 € brutos anuales… cuando yo tenía un nivel de 60.000€.

Y todo esto, siempre que el sistema de pensiones sea sostenible, pero no os preocupéis, que Papá Estado (sí, ese), lo tiene todo previsto. Por lo menos hasta 2046… (¡ja, ja, ja!, ¡seguro que sí!)

Al final, la verdad es que sobre este asunto… a mí me gustaría poder “hacerme el Sueco” (no sé a ciencia cierta de donde viene esa expresión, pero lo que sí sé es que Suecia aprobó en 2001 el informar a la ciudadanía sobre el cálculo individualizado de su pensión, y así lo hace desde entonces).