Por qué tienes que empezar a invertir en 2021.

«Por qué tienes que empezar a invertir en 2021» es una entrada escrita por Ernesto Bettschen. 


Invertir o no invertir… ¿esa es la cuestión?. Definitivamente no. La cuestión es por qué no has empezado ya. Si no lo has hecho, aquí te doy 10 razones por las que deberías planearte empezar a hacerlo. Y si ya has dado el paso, estoy seguro de estas mismas 10 razones te ayudarán a ratificarte en tu sabia decisión.

Tienes que empezar a invertir hoy mismo…

  1. Porque en este momento, nadie te da nada por tu dinero. Es un hecho, los tipos de interés están por los suelos. Ni cuentas ni depósitos ofrecen nada por tu dinero. Dejar el dinero en una cuenta es garantía de ir perdiendo poder adquisitivo…
  2. Porque la inflación es enemiga de tu dinero. Enemigo invisible pero real. Unido a los bajos tipos de interés, hace que poco a poco, nuestro dinero valga menos. Este escenario, prolongado en el tiempo es devastador. Yo invierto, entre otras cosas, porque prefiero tener la oportunidad de hacer crecer mi dinero, que la certeza de perderlo (que es lo que seguro pasa con el escenario de tipos e inflación actuales). Además, la inversión a largo plazo ha demostrado siempre ser el mejor arma contra la inflación. No darle una oportunidad es una decisión poco inteligente, porque el ahorro ha demostrado ser insuficiente en la mayoría de los casos.
  3. Porque la política y el estado lo devoran casi todo. Siempre lo he dicho: papá estado es el peor padre del mundo. Al estado le repugna la prosperidad de las personas… Las personas que no pertenecen a su particular “secta”, claro. No nos engañemos, los políticos gobiernan para ellos. Así se explica que cobren dietas por muchos conceptos o que se aseguren su cómoda existencia con rentas vitalicias tras unos pocos años con un cargo. No lo olvidemos, todo esto lo pagamos nosotros. Nosotros. La política además, es mentirosa. Me hierve la sangre cada vez que el ministro de turno (independientemente del color de su partido), que esto no va de eso, que en este saco caben absolutamente todos, se vanagloria de esa sanidad “gratuita”… Gratuita, ¿de verdad?. A fuerza de repetirlo (con las sanidad, con la educación…) muchos han terminado por creérselo. Será que no miran bien su nómina. Y será que no han tenido que pagar una nunca. De ahí sale gran parte de todo lo que devora el estado… Y este drama sigue por un sinfín de impuestos con los que tratan de llenar un colador que pierde agua por su propia gestión. El estado siempre pone la mano. Y no para tendérnosla, que cuando vienen mal dadas no termina nunca de estar a la altura. Y así, pagamos (sucesiones), pagamos (donaciones), pagamos (IBI), pagamos (primas de seguros), pagamos (canon digital), pagamos (por dividendos percibidos, aunque también hayan pagado previamente a las empresas), pagamos (…), pagamos, pagamos y pagamos. La pregunta que se me ocurre que debemos de formularnos es… viendo todo lo que pagamos, ¿estamos satisfechos con la contrapartida que percibimos?… y no sólo con la que percibimos, sino con la que ya nos están poco avisando de que puede ser que no lleguemos a percibir como nos la imaginamos… y que no es otra que la pensión de jubilación.
  4. Porque la pensión de jubilación (si tienes derecho a ella), tiene pinta de no ser cómo la esperas. Y no para bien, precisamente. Primero, porque papá estado maneja esos requisitos que hay que cumplir para poder ser candidato… y que con el tiempo no va poniendo las cosas precisamente más fáciles (cada vez hay que cotizar más cuantía y más años). Segundo, porque el poder adquisitivo de esa pensión, cundo se cobre, habrá que ver qué valor real tiene… y esto tampoco pinta bien. Además, las pensiones se han convertido en el arma política por excelencia, cuando realmente debería ser un asunto con la importancia que se merece (que nos es otra que garantizar el merecido bienestar de los que tantos años hemos aportado a ese sistema). Así, quien maneja el sistema público de pensiones, puede manipularlo para inclinar votos a su favor… y esto desvirtúa mucho el sistema, porque en manos de políticos la finalidad para la que fue concebido pasa a un segundo plano.
  5. Porque a estas alturas espero que hayas comprobado que si haces lo que todo el mundo hace, obtienes los mismos resultados que todo el mundo. Tal vez no lo hagas por inercia o por que pienses que es muy arriesgado. Créeme si te digo que no es así. Así que… ¿por qué no concederte la oportunidad de hacer algo diferente y nuevo?. La inversión (que no la especulación) puede llegar a ser un mundo apasionante. En mi caso, entré en este mundo circunstancialmente, más por obligación que otra cosa, en un momento en que todo el mundo financiero me parecía complicadísimo y no me atraía nada. Pero tuve la suerte de equivocarme pronto y plantearme que tal vez la inmensa mayoría de los bancos, asesores, intermediarios, etc, se preocupan de mi dinero pero no con la misma intención que yo. Estaban más interesados en que mi dinero pasase de mi bolsillo al suyo, y no tanto en que yo prosperase. Entendido esto (sí, una lección dura, pero vista con perspectiva muy necesaria), mi relación con las finanzas cambió. Y ahí, lo primero que hice fue ponerme a leer, a investigar, a encontrar una manera de hacer diferente… Y sí, lo confieso, de no gustarme nada, a terminar escribiendo en este  y otros blogs.
  6. Porque hay mejores cosas que hacer con el dinero que convertirnos en compradictos víctimas de la “inmidiotez”. Acumular cosas no creo que nos haga más felices. Y si estamos convencidos de que sí, que es lo que realmente queremos… por lo menos hagamos un plan para no vivir ahogados… tengamos un plan financiero que nos pague esos caprichos y que además, nos permita invertir en experiencias (viajes, fiestas, hobbies, cultura), que por ahí que creo que se va llenando la única mochila que nos llevamos cuando nos marchamos de este mundo.
  7. Porque tener un patrimonio financiero, por pequeño que sea, aporta tranquilidad. Siempre he dicho que lo más valioso del mundo es el tiempo. Que poco dinero con mucho tiempo, puede llegar a ser mucho dinero. Y es un camino que hay que recorrer. Eso sí, llegado a un punto, de repente nos damos cuenta de que poder afrontar un imprevisto sin preocuparnos demasiado, mejora nuestra calidad de vida. Nos permite seguir el camino, centrándonos en lo importante.
  8. Porque poder elegir es importante. No digo que sea justo, pero mi experiencia vital, me dice que una vez más tener es mejor que no tener. Para lo bueno, y para lo malo. Poder elegir hacer una actividad, o un viaje… Pero también comprar un medicamente o pagar un seguro médico… o un curso de postgrado para mí o para un hijo. Cada persona elige dentro de sus posibilidades. Cuanto mayores son estas, más grande es el abanico. Salir a disfrutar sin andar pensando en la cuenta es más disfrutar.  Poder elegir. De esto va la (f)independencia.
  9. Porque queramos ayudar a alguien o alguna causa. Durante nuestro deambular por esta vida o después. Tener nos pone en situación de dar. Y así podemos aportar nuestro granito de arena a causas menos obligatorias que las que nos dicta la política. Causas o personas: creo que mis hijos lo van a tener más difícil que yo. Si puedo dejarles algo, creo que lo agradecerán. De momento, espero que estas líneas le sirvan como manual de instrucciones para que ellos se planteen algo parecido con las herramientas y tecnologías de que dispongan en su mundo (porque casi seguro que lo que he contado por aquí habrá quedado obsoleto). Y como eso de la muerte “certus est, incertus quando”, mejor marcharse sin que le costemos nada a nadie.
  10. Porque te lo mereces. Por ti.  Porque como verás, mucho de lo que has leído se pone en tu contra, y aunque hay muchas otras maneras de combatirlo, esta es de las más sencillas de realizar. Aunque pueda parecer un mundo complejo, te sorprenderías de lo que, por poner un ejemplo, una simple transferencia mensual a un fondo de inversión puede hacer. Sí, tan sencillo como eso.

10 razones, aunque hay muchas más. Esas otras, dejo que las descubras tú mismo. Ahora sólo queda dar el primer paso, porque ya sabes, «…se hace camino al andar», y desvelar ahora todo lo que puedes encontrar, podría llegar a quitarle encanto a tu camino particular. ¡Disfrútalo!

2020. Un año para reflexionar.

«2020. Un año para refexionar» es una entrada escrita por Ernesto Bettschen. 


Si hace unos pocos meses me hubiesen dicho que financieramente cerraría el año en verde, no me lo hubiese creído. Pero al final así ha sido.

   Creo que sería muy frívolo cerrar las entradas de este año en el blog con un análisis meramente económico. Porque 2020 es uno de los años cuyas enseñanzas ratifican la necesidad de caminar hacia la (f)independencia, en sus tres pilares de habilidades, las financieras, las técnicas, y las interpersonales.

   En la vertiente financiera, pues eso. A final, contra todo pronóstico, año en verde. El mercado, en el corto plazo, vuelve a ser imprevisible… en este caso para bien de los que cuando se desencadenaba la tormenta permanecimos con el rumbo invariable. Personalmente, creo que no es un escenario que refleje la realidad de lo que está sucediendo… que la resaca está por llegar… y que si no lo ha hecho ya puede ser un artificio forzado a base de inyecciones de dinero, desde los bancos centrales. Y precisamente por esto, me limitaré a sujetar con mayor fuerza el timón… a seguir con el rumbo trazado, a tratar de llegar a buen puerto… cuanto antes mejor. Un puerto que los acontecimientos socio-políticos parecen querer alejar cada vez más… (y esto lo digo desde la más absoluta imparcialidad política, porque creo sinceramente que estés donde estés ideológicamente posicionado, nadie que no seas tú va a mover un dedo por facilitarte la existencia… o por lo menos, sin un algo a cambio). Así que si no ves tempestades ni vientos… ponte a soplar para animar las velas, no vaya a ser que la estrategia de los que gobiernan  sea dejar las cosas como están… y te veas flotando a la deriva hasta que tengan que rescatarte… con pan hoy, pero hambre para mañana, cuando una mísera pensión con nulo poder adquisitivo sea el único puerto abierto para muchos.

   En la vertiente técnica, pues el año nos deja una de las mayores revoluciones en el mundo laboral y conseguida en menos tiempo: la del tele-trabajo. Suena triste decirlo, pero la aparición del COVID-19 ha sido su mayor impulsor. Y “a la fuerza ahorcan”.

   El otro día escuchaba una afirmación con la que no puedo estar más de acuerdo: la ciencia es la gran impulsora de la humanidad, la que permite su evolución, y la que consigue variar las reglas de la naturaleza para inclinarlas un poco a nuestro favor. Este año, puede ser con una vacuna conseguida en tiempo en tiempo récord. En un futuro, quizá la nano robótica termine de inclinar la balanza con determinadas patologías. Creo que vienen años apasionantes para el conocimiento, que ahora más que nunca es asequible, compartido y actualizado. No aprovechar esta situación puede significar empezar a vivir en un mundo que no comprendemos. Ser técnicamente buenos en lo que hacemos, ha dejado de ser un privilegio (de poder pagarlo o poder asistir a un buen centro, con buenos docentes): se ha convertido en una elección personal.

   Es más, todo avanza tan rápido, que el simple hecho de mantenerse un poco al día… empezará a suponernos un esfuerzo considerable, pero creo que también apasionante.

   Y en lo que a relaciones inter-personales se refiere, pues creo que este año nos ha servido a muchos para reflexionar sobre qué es realmente importante. Sin idealismos: al codicioso le habrá servido para ratificarse en su codicia. Y a quien haya sufrido una pérdida irremplazable, tal vez para replantearse toda su existencia.

   En mi caso, 2020 me ha servido para recordar que lo que nos pasa en la vida es un 10%… y el 90% restante es la actitud que adoptemos ante eso que nos pasa. Una decisión que vuelve a ser nuestra.

 También, una vez más, para ratificar que el tiempo es lo más valioso del mundo.

   Y con esto en la cabeza, pues no quiero ser el más rico del cementerio, simplemente me conformo con tener (como decía Jack Bogle) “Suficiente”… suficiente dinero como para no tener que preocuparme demasiado por demasiadas cosas, suficiente tiempo para estar con los míos, con los que de verdad me importan. Porque como he dejado escrito muchas veces por estas páginas, a diferencia de lo que pasa con el dinero, el tiempo, mal invertido, se pierde para siempre.