El Futuro no existe, pero le gusta llevarnos la contraria.

   Estoy harto de leer que el futuro no existe. Hubo una época en la que yo lo creía así… pero de eso hace ya mucho tiempo.

   Y es que al futuro le gusta llevarnos la contraria.

   Muchas son las referencias literarias a un futuro que no existe. Libros que hablan de “El poder del ahora” y cosas parecidas. Que predican que el pasado ya se fue, y el futuro no sabes lo que te deparará, así que tu único momento para actuar es ahora.

   Bueno. Puede ser. Pero te voy a contar na cosa: yo siempre creí que iba a morir a los 27… y aquí sigo. Y créeme si te digo que paso con creces esa edad.

   La cosa no es tan simple. Resulta que ese “ahora” en el que puedes actuar, es fruto de un pasado. Es decir, lo que hayas hecho o hayas dejado de hacer en el pasado te pasa una factura o recompensa que pagas o disfrutas en el ahora. Si yo hubiese sabido con veinte años lo que sé ahora, creo que me hubiese jubilado rico antes de los cuarenta. Y el tema es recursivo: lo que hagas hoy, casi seguro que te pasará factura o recompensa en ese futuro que no existe… pero que llega.

   Y es eso, que al futuro que no existe, le gusta llevar la contraria, y casi siempre llega.

   ¿Y cómo afecta esto a tu (f)independencia? Pues veamos, hagamos un rápido análisis:

  • En el campo de las habilidades técnicas: estoy seguro que antes de escuchar eso de que el futuro no existe habrás oído que “la experiencia es un grado”. Pues sí. Lo es. Me quedo mejor con esto último, que el futuro ya me ha demostrado que llega. La experiencia es un grado, y en tu campo, sea el que sea, es un activo con mucho peso. Paradójicamente, en la “mochila de la vida” es de los que menos pesan, y de los que más útil puede resultar, para toso. Tener experiencias previas, haber sufrido las cosas en las propias carnes, haber pasado por situaciones resultantes en éxitos o equivocaciones y volvernos a encontrar con esas situaciones más adelante, efectivamente nos permite ser más resueltos. Porque ser resuelto, al final es eso: saber cómo manejar las situaciones. Y esto puede ser más fácil si hemos experimentado en escenarios parecidos antes. A la guerra se va con los mejores. Y los mejores en muchos casos lo son porque “saben”. Y saber, lo que se dice saber… nadie “nace sabido”. Así que experimentar la vida es fundamental. Además, no te engañes, la felicidad vista al final del camino es un error. Se trata de que el camino sea la felicidad.
  • En el campo de las habilidades interpersonales: otra expresión a la que concedo más valor que a “el futuro no existe”, y que seguro que también has escuchado muchas veces: “amigos hasta en el infierno”. Interprétalo como quieras, pero no dejes de prestarle atención. Tengo claro que se cuentan con los dedos de una mano los amigos “de verdad”, pero también es cierto que ese futuro que no existe nos hace ver recurrentemente a mucha gente con la que compartiremos algo. Una y otra vez. Experiencias, buenos y malos momentos, negocios… El mundo es un pañuelo, y es probable que mañana nos volvamos a ver. En este sentido, sería absurdo cerrarse puertas gratuitamente, descargar un mal día con quien no lo merece, no ser educado… También puedes pretender no ser juzgado por lo que se fue… pero supongo que en mayor o menor medida sabrña que hay cualidades tuyas que te otorgan y quedan fuera de tu alcance: tú no puedes decidir “ser creíble” o “de confianza”. Eso, te lo otorgan lo demás. Un largo pasado para forjarlo. Un segundo para destruirlo… y la posibilidad de no recuperarlo jamás. En ese futuro que no existe pero llega.
  • En el campo de las habilidades financieras: si me preguntan qué hará el mercado mañana… pues resulta que lo sé. Parece que soy de las pocas personas que lo sabe. Puede que ese sea el secreto de mi riqueza. Aunque a mí me resulta tan obvio que no creo que los tiros vayan por ahí. Aquí especialmente parece que voy con el paso cambiado: para la gran mayoría de inversores el largo plazo, el futuro, no existe. Creo que no te descubro nada si te digo que la estrategia cortoplacista es más que probable que beneficie a muchos… pero no a ti. Más bien a esos intermediarios de lo que ya hemos hablado alguna vez y que, independientemente de que tú ganes o pierdas, ponen la mano. Y todo parece indicar que en este sentido hay Intereses ocultos. La prensa sepia no cree en el futuro. La empresa que hoy es buena, mañana, deja de serlo por un comentario, una opinión… en muchas ocasiones nada relacionado con su modelo de negocio, desligado de sus resultados, de su gestión. La sociedad interconectada en que vivimos hace que las notician tengan una afección inmediata, pero en muchas ocasiones… injustificada. Es un mundo en el que incluso cosas que no han pasado, se traen al presente para justificar los vaivenes de la bolsa. Una vez más, el futuro no existe. Nadie te dirá que inviertas y recuperes tu dinero multiplicado por mil dentro de cuarenta años. Nadie.

En este escenario, ten por seguro que ganamos los que hemos conseguido Cambiar el paso, el resto son pasto del “ahora”.

   Y, para no dejarte con la incertidumbre, si me preguntan qué hará el mercado mañana… lo sé. Igual que J. P Morgan, el financiero más poderoso de finales del siglo XIX y principios del XX, daré una respuesta asombrosamente breve e infaliblemente exacta: «Fluctuará».

   Lo queramos o no, ese futuro que no existe pero llega, hace que vivamos una evolución continua, para bien o para mal. Pero si contamos con que le gusta llevarnos la contraria, y cada día de mañana se presenta a desayunar, seguro que conseguiremos ser un poco más (f)independientes.

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